Colaboraciones

¡NUEVO FORMATO! 

¡Hoy estrenamos una nueva sección en el blog! A partir de ahora encontraréis cada martes colaboraciones con profesionales del sector educativo. Nos aportarán conocimiento y recursos mediante artículos acompañados de un video IGTV que colgaremos los miércoles en nuestro Instagram. 

Empezamos esta propuesta con Roser, de Art&Shock. ¡Adelante! 


Los cuentos juegan un papel protagonista en la etapa infantil y son un recurso indispensable en cualquier clase. Y es que, ¿a quién no le gustan los cuentos? 

Sus historias nos despiertan la imaginación, exploran otras culturas y nos enseñan cosas sobre el mundo.

Pero lejos de quedarnos con el concepto de explicar un cuento, en el que el maestro/a lee y los niños y niñas escuchan, queremos crear una experiencia más participativa y aprovechar todas las oportunidades de aprendizaje que el cuento nos ofrece.

Por eso, hoy os traigo 5 actividades para fomentar la participación en el aula mediante cuentos

1. El juego de las solapas  

Escogemos un cuento y tapamos una parte de los dibujos con un papel o “post-it” como si fuera un cuento de solapas (si tenemos alumnos/as lectoras, tapamos también las palabras). 

Podemos utilizar un cuento nuevo o conocido según el nivel de dificultad que busquemos. Vamos explicando el cuento hasta que lleguemos a una de estas solapas y les planteamos preguntas:

"¿Quién/Qué creéis que hay aquí debajo? ¿Y cómo lo sabemos? ¿Qué pensáis que pasará?” 

Y así seguimos con el cuento fomentando la participación y la formulación de hipótesis. 

2. ¡Hagamos memoria!

Buscamos un cuento con detalles: quizás con personajes que lleven ropa muy concreta, donde salga una casa muy especial… ¡o incluso un animal extraño! Debe ser un cuento que ya conozcan. 

Les explicamos a los niños y niñas que hemos perdido el cuento, ¡no lo encontramos y queremos recordar cómo era! 

Les pedimos que dibujen: 

a) El personaje principal
b) El principio o el final de la historia
c) Dónde se sitúa el cuento

Podemos plantear esta actividad de diferentes maneras:  

  • Por grupos, donde los niños y niñas colaboren para recordar detalles y hagan un dibujo de manera conjunta. 
  • Individualmente, donde cada alumno/a tendrá su papel y hará su dibujo. 

Dependiendo de la autonomía de los grupos, se los puede guiar en la medida que se crea oportuna, dando más o menos pautas.

Al acabar, lo pondremos en común con el resto de compañeros/as y veremos las diferencias en los detalles que hemos recordado. También podemos “encontrar” el cuento ¡y ver lo bien que lo han hecho!

3. ¡Qué lío!

Con este juego, los niños y niñas intentarán rehacer la secuencia de un cuento que les resulte familiar. Para realizarlo, es mejor escoger un cuento con una secuencia clara y lógica.  

Primero preparamos imágenes que representen momentos claves del cuento (pueden ser directamente fotocopias del libro). Después las presentamos a los y las alumnas, diciéndoles que el libro está hecho un lío y ¡necesitamos ayuda para ponerlo en orden!

Vamos pegando las imágenes en la pizarra o en un corcho y animamos a los niños y niñas a hablar y participar aportando ideas y posibilidades. Una vez tengamos el cuento en orden de nuevo, les pedimos que nos lo expliquen, por turnos. 

4. El cuento mudo

Buscamos un cuento que no conozcan, ¡con ilustraciones bien grandes para hacer volar su imaginación! 

Les decimos que el cuento se ha quedado mudo, no tiene palabras, o que está escrito en un idioma que no conocemos… ¡y por eso entre todos y todas tenemos que adivinar de qué habla el cuento! 

Descubrimos cada página, formulamos preguntas e hipótesis, dejamos que ellos y ellas hagan y compartan sus teorías. 

5. ¡El cuento cobra vida!

Esta es una actividad de juego teatral que funciona muy bien en la etapa infantil. 

Escogéis un cuento, que vuestros alumnos/as ya conozcan, con 3 o 4 personajes o colectivos. Los cuentos clásicos son muy buena opción para esta actividad. 

Preparáis rincones en clase con un distintivo para cada personaje. Puede ser un distintivo que los niños y niñas lleven en la cabeza, en la camiseta o simplemente un gomet en la mano. Por ejemplo: El rincón del Padre Oso, el rincón del Bebé Oso y el rincón de la Ricitos de Oro. 

Les explicamos que hoy el cuento cobra vida y que ellos y ellas son los protagonistas (puede haber más de una persona haciendo de cada personaje y más de dos, ¡incluso más de tres!) 

Repartimos los actores y actrices en los diferentes rincones según el personaje que representen. Cuando los personajes están en su rincón, ¡deben estar quietos y atentos/as!

Comenzamos a narrar el cuento, poniendo mucho énfasis en las acciones. 

“Había una vez, una niña que estaba durmiendo. Cuando cantó el gallo, se despertó, desayunó y se peinó sus maravillosos ricitos.”

A medida que vamos explicando, los personajes salen de su rincón y van reproduciendo las acciones. ¡Ya veréis como se lo pasan genial! 

Hoy damos paso a una colaboración que nos hace mucha ilusión. Anna Mas de  Creaduca nos ha preparado este artículo sobre cómo aprovechar el momento actual para poner la vida en el centro y la importancia de la gestión emocional en las aulas y en nuestras vidas personales. ¡Adelante!


Siempre he pensado que un buen punto de partida para educar y afrontar el día a día con un grupo de personas pueden ser nuestras propias carencias. Todas las tenemos, y con los años las vamos descubriendo, como si se tratara de un juego de pistas, cuáles son y qué herramientas tenemos a nuestro alcance para poder solucionar estas carencias y convertirlas en habilidades. Por mucho que nos engañemos, como adultos, la mayoría, son emocionales.

Cada día que pasa, todos los factores nos reafirman la importancia de la gestión emocional en la escuela. Para entender la importancia de la gestión emocional en las aulas nos hace falta ser conscientes cómo de importante es la escuela y, sobre todo, la gran necesidad que tenemos de convertir este espacio en un lugar de aprendizaje con la vida en el centro y no solo un espacio de conceptos académicos. Si yo aprendo a vivir de manera saludable física y emocionalmente, así como a relacionarme, resolver conflicots, pedir ayudar, etc. Mi aprendizaje será mucho más fluido. Parece que lo tenemos muy claro en un lugar de trabajo para adultos, ya que no nos gusta trabajar en un espacio que no nos haga felices o no se nos respete. Sin embargo, no lo tenemos tan claro en un espacio tan mágico como la escuela, donde los niños y niñas pasan muchas horas de su día.  

Este 2020 ha sido como si una piedra se colocase en el engranaje que hace girar todo el sistema y, de repente, se parase el mundo. No nos engañemos, también ha parado el sentido común, las almas, los latidos del corazón, el tacto,… Es más que evidente que tenemos muchas maneras de ver qué ha pasado y las opciones negativas solo nos traen consigo desánimo colectivo, frustración y una incertidumbre que poco está en nuestras manos resolver. Solo nos queda la actitud. 

En una calle sin salida lo mejor que podemos hacer es ver todo lo que está situación nos aporta y, para mi, uno de los grandes regalos es que tenemos la oportunidad de poner la vida en el centro en todos los espacios socioeducativos. 

Por fin se habla de emociones, de gestión individual y colectiva, de vínculos y de acompañamiento. Nos lo creamos o no, se habla. ¡Hagamoslo realidad! Nosotras a lo nuestro, a todo aquello que sabemos que es realmente importante para las personas con las que compartimos la vida y aprendizajes. 


Me gusta hablar de la gestión emocional como aquel acompañamiento, una ayuda asistencial y constante del niño o niña, que hacemos día a día con las personas que trabajamos, conjuntamente con un buen vocabulario emocional y una conciencia emocional saludable. Estas son las claves básicas para hacer una buena gestión de una misma y de todo aquello que nos rodea. 

Uno de los grandes mitos de la gestión emocional es que implica tiempo y, evidentemente no os diré que no, porque todos los aprendizajes implican tiempo, constancia y ganas, pero la clave está en priorizarlo. En otras palabras, quizás no tengo tiempo como docente para dedicar 1h seguida a la semana en la educación emocional de mi grupo, pero si que tengo 5 minutos para parar la actividad academica en medio de un conflicto y debatir en grupo cómo nos sentimos y cuál sería la mejor manera de resolver el conflicto de manera individual y colectiva. La educación emocional se trabaja de manera transversal. 

Si tenemos un espacio exclusivamente para trabajar este aspecto, ¡es genial! Sin embargo, si no lo tenemos, no nos puede servir de excusa para no abordar el tema. Es necesario que empecemos a interiorizarlo y sea una dinámica y una rutina diaria. 

La educación emocional es una inversión de futuro real. Un paso a paso en el camino, un conflicto bien resuelto, una emoción bien canalizada, un abrazo en un sitio y un momento indicado, una mirada de complicidad, un todo en general. Porque las emociones son vida y de estos debemos llenar la escuela, ¡de vida! 

De la misma manera que nosotras como adultas a veces no tenemos herramientas para gestionar nuestras propias vidas, o para acompañar a nuestro grupo en alguna cuestión concreta, esto nos implica que cogemos un libro, nos adentramos en las redes sociales o compartimos con alguna compañera cómo lo haría ella. De esta manera podemos ver que las familias estan, mayoritariamente, en la misma situación. Y por ello esta también es una oportunidad preciosa de generar escuela desde la misma escuela. Incluso es el momento de dejar el adultismo y el paternalismo de lado y permitirnos aprender de los y las niñas. Siempre es más enriquecedor un aprendizaje colaborativo que uno individual, ¿no? 

Podemos hacer cambios en nuestras rutinas diarias que sean totalmente significativos. Quizás alguna propuesta os parece del todo natural dentro de vuestro día a día, pero me parece esencial recordar que aquello que nosotras hacemos de manera cuotidiana, con facilidad y naturalidad no siempre es lo que hace la mayoría. 

En las aulas les enseñamos vocabulario emocional, pero nosotros somos el mejor referente para expresar si estamos tristes, cansados, enfadados, nerviososo…

Dediquemos cada día 5 minutos para preguntarles cómo estan, pero un cómo estan de verdad, permitiendo un espacio de conversa, respetando los ritmos y, sobre todo, con el derecho a decidir si quieren intervenir o no. Podemos empezar cada mañana con nosotras mismas: 

  • Hoy estoy cansada porque no he podido dormir. 
  • Hoy estoy contenta porque ayer vi a una amiga que hacia mucho tiempo que no veía y me sentí muy feliz. 

Podemos generar espacios donde todo el mundo pueda expresar su estado de ánimo. Las habilidades sociales se nutren a diferentes ritmos y son muy subjetivas. Podemos crear un panel de conciencia emocional donde cada día los y las alumnas expresen con imágenes su estado de ánimo. Es importante decidir una temporalización fija para valorar con el grupo e individualmente cómo nos hemos sentido durante el tiempo establecido. 

No clasifiquemos las emociones en buenas o malas. Las emociones nos ayuda a ser. Todas, absolutamente todas, nos aporta un aprendizaje. Acompañemonos en el dolor así como en la alegría. 

Priorizemos el bienestar emocional del grupo. Lo podemos hacer resolviendo los conflictos de manera colectiva o exponiendo cada día una situación en la cual ellos y ellas se puedan encontrar y la puedan resolver en grupo.

También podemos crear espacios de reflexión. Espacios donde sean bienvenicods todos los problemas y las angustias. Marquemos linías rojas de manera colectiva.

¿Qué cosas son las que no queremos vivir como grupo ni tampoco de manera individual? ¿Cómo lo podemos evitar? ¿Quién nos acompañará y nos dará apoyo si esto pasa?  Cuando las normas de convivencia estan basadas en lo que sentimos, además de en lo que hacemos y las deciden ellos y ellas, dejan de ser imposiciones. 

Por último, pase lo que pase, no dudemos que este es el camino. Reservemos las dudas para mejorar día a día, para la crítica constructiva, pero nunca para pensar que hemos escogido el camino incorrecto. El camino de la educación emocional solo puede estar lleno de amor, respeto, empatía y comunicación, y esta es la manera valiente que hemos escogido para caminar.