Educación Emocional

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Hablamos abiertamente de emociones positivas, como son la alegría, la gratitud, la sorpresa o el amor. Cultivar, vivir y entenderlas es relativamente fácil, pero, ¿qué hacemos con las emociones negativas? ¿Cómo reconocer y gestionar bien el miedo, la tristeza o los celos? Hoy queremos ayudaros a trabajar dos emociones complicadas, pero muy frecuentes, tanto en los niños como en los adultos: la rabia y el enfado. A continuación, seis cuentos interesantes.

  • ¡Qué RABIA de juego!, Meritxell MartíLa Tina ha perdido al dómino y se ha enrabiado mucho. A su amigo Toni eso no le ha gustado nada, así que ha decidido inventarse una para que no vuelva a pasar. El cuento forma parte de la colección Toni & Tina, impulsada por la Editorial Castellnou i el Hospital Sant Joan de Déu para trabajar las emociones con los niños a través de situaciones cotidianas y divertidas.

Podéis encontrar más información, recursos y actividades para trabajar este libro en el blog de Club Peques Lectores.

  • Tú tienes la culpa de todo, Begoña Ibarrola. Érase una vez dos ardillas hermanas que viven en el bosque. Una de ella echa la culpa a la otra de todos los problemas que tiene y su relación se deteriora. El cuento, de Begoña Ibarrola, está editado por Cruïlla y además de tratar la emoción de la rabia, nos habla del egoísmo y del sentimiento de culpabilidad.

  • Un poco de mal humor, Isabelle Carrier. De la autora de El cazo de Lorenzo, también tenemos Un poco de mal humor. Isabelle Carrier nos habla de Pit y Pat, dos personajes que se hacen inseparables, pero entre los cuales pronto surgirán las primeras diferencias. Así, el mal humor se convertirá en una tónica demasiado habitual. Se trata de un cuento magnífico, con unas ilustraciones muy bonitas y un desenlace muy sensato.

  • Sometimes, Emma Dodd. Muchas veces, las personas que queremos también nos inspiran emociones de enfado y rabia. Aceptarlas y canilizarlas no siempre es fácil. A veces (Sometimes), el elefantito está triste. A veces, es amable. A veces, también está enfadado, aunque sabe que su madre siempre le querrá...

  • Emma Enfadosauria, Brian Moses. Emma Enfadosauria se enfada por todo: si no gana cuando juega, cuando sus hermanos reciben regalos, cuando no puede ver lo que quiere en la tele... Sus expresiones de enfado son muy variadas: patadas, golpes e incluso rugidos. ¿Conseguirá calmarse?

¿Cuáles son vuestros títulos favoritos para trabajar las emociones del enfado y la rabia? ¡Podéis compartirlos en los comentarios!

 

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La ciencia ha demostrado que el cerebro no distingue la realidad del pensamiento. Esto quiere decir que cuando pensamos, se activan los mismo circuitos neuronales que cuando hacemos algo o cuando recordamos. Esto es importante porque los pensamientos son capaces de fijar realidades que no siempre son como nosotros los dibujamos o imaginamos. Las técnicas de visualización, meditación e imaginación creativa trabajan en este sentido. Así pues, para aprender a gestionar nuestras emociones hay que, antes, aprender a gestionar nuestras creencias. Se trata, sin lugar a dudas, de una manera de profundizar en nosotros y ayudar a nuestros alumnos y compañeros a hacerlo.

¿Cómo conseguir creencias positivas?

Los recuerdos y las sensaciones van muy asociados a las creencias. Cualquier recuerdo o pensamiento es capaz de abrir un abanico inmenso de emociones: una reacción en cadena que, si se centra en una emoción negativa, puede sumergirte en una espiral de pensamientos poco constructivos. Dejar de alimentarlos es fundamental para trabajar nuestras propias creencias y fomentar las emociones positivas. Esto nos ayudará a mejorar nuestra vida y las relaciones con los demás.

Pero, ¿cómo se hace? ¿Cómo puedo empezar a entrenar mi cerebro para conseguir tener creencias positivas?

  1. Un primer paso: identifica tus emociones. Antes de empezar a trabajar con tus creencias tienes que ser consciente de aquello que sientes. Es posible que una situación negativa del pasado nos impide pensar que esta vez lo haremos bien. Haz una inmersión en tus recuerdos para identificar situaciones, vivencias y emociones. Analízalas bien, observa qué cambios has hecho en tu vida y si realmente es lógicos que pienses que no lo conseguirás.
  1. Para los pensamientos negativos. Ya has identificado las emociones negativas, ahora hay que parar los pensamientos negativos que se han desencadenado y que están obstaculizando tu progreso positivo. Para conseguirlo puedes hacer un breve ejercicio de meditación que te ayudará a recuperar el control de tus emociones.

  1. Empieza a pensar en positivo. Se trata de ver el lado bueno de las cosas, porque es precisamente eso lo que te ayudará a avanzar hacia el éxito. Concéntrate en las cosas buenas, es decir, en aquello que logres cada día y en las soluciones, en lugar de dar vueltas a los problemas. Cada vez que afrontes una nueva situación (sea negativa o positiva), intenta analizar qué ha pasado y cómo lo has resuelto. Es una gran oportunidad de aprendizaje.

Por último, intenta pasar a la acción: hacer las cosas y avanzar hacia tus objetivos. Incorpora novedades (por pequeñas que sean) en tu día a día, porque el factor sorpresa es un nuevo motivo para aprender a hacer pasos adelante, adquirir nuevas experiencias y romper esquemas negativos.

Imagínate en el futuro haciendo aquello que deseas hacer. Todos los pasos que hagas valdrán la pena porque te ayudarán a llegar a tu meta. Con todo, habrás solidificado las creencias positivas y podrás continuar adelante con toda la firmeza y convicción.

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La muerte de un ser querido es una vivencia que puede producirse durante la niñez. Si bien es cierto que los adultos podemos afrontar la muerte de un abuelo, padre, hermano o amigo con un mayor grado de madurez, los niños lo tienen un poco más difícil. En este sentido, hay que tener claro que no tenemos que proteger a los niños de la muerte ni ocultarles la realidad. En cambio es necesario ayudarlos a afrontar el proceso del duelo juntos y con toda la naturalidad posible.

Como docentes podemos ofrecer nuestra ayuda a los niños y niñas y a las familias. Si la muerte ha sido traumática o especialmente cercana (una madre, un padre, un hermano...) hay que hablar con la familia y darles la mano para colaborar en el proceso del duelo.

¿Qué podemos hacer como docentes en el aula? 

  1. Decir la verdad. Utilizad términos directos, nunca eufemismos como "ahora el abuelo está durmiendo" o "hemos perdido a tu madre".
  1. Dejad que exprese sus emociones. Hablar de la muerte de un ser querido con el resto de la clase puede resultar reconfortante y a la vez, despertar emociones y recuerdos en otros compañeros y compañeras. Siempre respetando el tiempo del duelo del niño/a.
  1. Tranquilizadlo. Ofrecedle apoyo y consuelo. A menudo los niños expresan un sentimiento de culpabilidad respecto a la muerte que se ha producido. Tenemos que tranquilizarlo y ofrecerle todo nuestro apoyo, emocional y físico, posible. Que os tenga cerca.
  1. Trabajad los recuerdos. Los recuerdos son aquello que nos queda del ser querido que ya no está. Podéis ofrecer al niño/a la posibilidad de expresarse como quiera, también a través de la escritura o utilizando cualquier otra forma de expresión artística que le motive.
  1. Observad cuál es la respuesta del niño/a. Durante el primer año de la pérdida, algunos niños pueden manifestar problemas de tipo depresivo. Observadlo y mantened un contacto regular con la familia y el resto de los docentes.

Si queréis, podéis compartir vuestras experiencias en los comentarios.

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La educación emocional tiene que abarcar todas las situaciones y contextos del aula y de la vida de los alumnos y alumnas, pero en determinadas ocasiones, la necesidad de aplicar nuestros conocimientos en este ámbito se hace más imprescindible. Aunque las familias y los mismos alumnos con altas capacidades tendrían que considerarse afortunados, también se ven obligados a enfrentarse a una serie de problemáticas derivadas de esta circunstancia. La educación emocional nos puede ayudar.

¿Cómo se sienten los alumnos y alumnas con altas capacidades?

Estudios y expertos coinciden en el hecho de que los niños y niñas con altas capacidades tienen las mismas necesidades que otros niños. Su desarrollo es idéntico, aunque algunas etapas se hayan avanzado. Parece, pero, que tanto las necesidades como las problemáticas suelen manifestarse más a menudo en los niños dotados.

A veces, estos niños/as son capaces de comprender conceptos abstractos, pero no pueden hacerles frente emocionalmente. Esto da lugar a preocupaciones demasiado intensas sobre temas como la muerte o el futuro. También se detectan actitudes perfeccionistas que les incapacitan para realizar tareas que hayan podido imaginar intelectualmente o tienen conversaciones adultas, combinadas, en contraste, con actitudes puramente infantiles.

En general, los niños/as con altas capacidades pueden sentir un miedo intenso al fracaso (hasta el punto de no llevar a cabo ciertas tareas por temor a no hacerlas bien), timidez, rechazo frontal de las críticas, ira o sensibilidad extrema para hechos dramáticos que suceden en el mundo.

Algunas pautas de intervención 

En primer lugar, y desde nuestra posición, hay que ayudar a los niños/as -a todos, en general y a los alumnos/as diagnosticados con altas capacidades, en particular- a hacer frente a las emociones intensas. Por eso, hay que ejercitar y fomentar diariamente las conversaciones sobre nuestras emociones y sensaciones, así como dar la mano a todos los alumnos para resolver cualquier conflicto o necesidad.

En las etapas de infantil, los especialistas proponen actividades para fomentar la creatividad en espacios libres, mientras que en primaria se pueden dedicar algunas horas lectivas a profundizar sobre ciertos conocimientos. En las etapas de secundaria se deja espacio para la investigación y la elaboración de nuevos contenidos, tareas que puedan resultar útiles para animar a los alumnos, hacerlos sentir libres y capaces de explorar nuevos ámbitos.

Y tú, ¿cómo trabajas con los alumnos y alumnas con altas capacidades?

En inteligencia emocional, la empatía no es una cualidad innata o propia de determinadas culturas con cierta preparación espiritual. Todo lo contrario. La empatía es una capacidad humana que se tiene que cultivar en los niños, tanto en casa como en el aula y en todos los ámbitos educativos. Para hacerla crecer hay que educar a los niños con empatía, creando un entorno que sea capaz de dar respuestas a todas sus necesidades.

Hoy os queremos presentar cinco recursos que nos han parecido interesantes para trabajar la empatía en el aula.

  1. El pirata de las estrellas, Albert D. Arrayás

El pirata de las estrellas de Albert D.Arrayás explica la historia de Ulises el Barbaroja, un pirata que tenía tanto hambre que decidió comerse todas las estrellas. Se trata de una historia divertida y delicada con diferentes personajes y objetos curiosos. ¿Qué nos gusta de este cuento? Pues en primer lugar que se trata de una historia fantástica. En segundo lugar, que cuenta con la colaboración la Asociación ELNA y que al final del cuento se incluyen muchas actividades supervisadas por técnicas en educación emocional de esta ONG.

Además, incluye un regalo mágico: la estrella de la empatía, un descargable que nos servirá para entregar nuestros mejores deseos a los demás.

  1. ¿El huevo o la gallina? Un cerdo al que le encantan los huevos conoce una gallina y tiene que afrontar el dilema de escoger entre el huevo o su amada. Aquí tenéis el ejemplo de un cortometraje que trata aquello de entender a los que nos rodean. Pero tenéis más alternativas.

  1. El poder de la empatía. Es un proyecto de Brené Brown, doctora e investigadora en Trabajo Social que nos ofrece una explicación magnífica sobre el sentido de la empatía. El vídeo está en inglés, pero cuenta con subtítulos en castellano y se acompaña de unas ilustraciones muy inspiradoras.

  1. El pez feliz y la libertad. Otro recurso audiovisual. Se trata de El pez feliz, realizado en Taiwan. Retrata la historia de un hombre solitario y un pez que se encuentran en el camino de la vida. Trabaja los valores de la soledad, la amistad y la libertad. Cuenta con una banda sonora y unas imágenes emocionantes.

  1. Los zapatos de otro. Aquí tenéis una actividad magnífica para trabajar la empatía y sacar otros sentimientos sobre la familia y en general, las personas que queremos. Pediremos a los niños y niñas que lleven al aula unos zapatos viejos de otra persona: el padre, la madre, el abuelo, la abuela... Para empezar la actividad, el niño se tendrá que poner los zapatos y caminar un poco. Esto nos permitirá empezar una conversación sobre cómo nos sentimos en el lugar (los zapatos) de otra persona. Intentaremos pensar como si fuéramos el propietario o propietaria de los zapatos y le haremos algunas preguntas: ¿cómo te sientes?, ¿qué hace esta persona?, ¿qué piensa?, ¿la comprendes?
    También podéis visionar el siguiente vídeo para reforzar lo que se ha trabajado y que se den cuenta que significa ponerse en el lugar de otra persona.

Y tú, ¿qué haces para trabajar la empatía con los niños/jóvenes? ¿Has puesto en práctica estas actividades?

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La empatía es la capacidad de saber qué le pasa a la otra persona y de comprender sus sentimientos. En el entorno del aula y en la vida, se trata de una emoción básica para regular conflictos y aportar lo mejor de nosotros en la convivencia. Hoy os proponemos cinco actividades básicas para trabajar la empatía en el aula.

  1. Soy otro. Empezamos trabajando en grupos. Esta es una actividad idónea para los meses de invierno, que es cuando los alumnos llevan más ropa. Cada niño escogerá el abrigo, la bufanda o los guantes de otro y se los pondrá. En la piel de este otro, les pediremos que nos describan lo que siente, qué sensaciones tienen y que nos hablen sobre qué saben de su compañero/a. Es un buen momento para trabajar las diferencias, las similitudes y los conflictos que puedan haber entre los alumnos, reforzando actitudes de buena convivencia, respeto y tolerancia.
  1. En tus zapatos. Se trata de una actividad muy similar a la anterior, pero en este caso utilizaremos zapatos de otras personas. Podemos pedirlos que los traigan de casa y que comprueben cómo se camina con unos zapatos demasiado grandes o un poco pequeños. Preguntémonos cómo creemos que se siente el resto, si los conocemos bastante bien o si sabemos cuáles son sus preocupaciones. La conversación puede dar muchos frutos.
    Siguiendo con la línea de los zapatos, también podéis visionar este vídeo y hacer una reflexión.

  1. Una montaña de conflictos. Los conflictos en el aula son habituales y absolutamente normales. Pero es necesario que hagamos caso, pongamos solución y trabajemos para que no se vuelva a producir. En esta actividad propondremos a los alumnos a escribir una situación de conflicto que les haya generado malestar. Pondremos todos los papeles en una caja y, a continuación, cada alumno sacará uno y lo leerá. Lo que queremos conseguir con esta actividad es que los niños tomen conciencia del malestar de los demás y aprendan a ponerse en la piel de sus compañeros/as.
  1. Y tu, ¿cómo eres? Ojead revistas y recortad aquellas imágenes que os llamen más la atención. Para escapar de los estereotipos, estaría bien escoger objetos con los cuales los niños se sientan identificados. A continuación, y basándose en las imágenes que han escogido, los alumnos nos hablarán de cuáles son sus ideas, creencias y percepciones. La actividad nos ayudará a conocernos mejor entre nosotros y a fomentar una actitud de respeto frente a nuestros compañeros/as, aunque nuestras maneras de pensar sean muy diferentes.
  1. Un cortometraje y un cuento. La última actividad que os proponemos puede tener una duración de varias sesiones y os puede ayudar muchísimo, si en el aula se está produciendo un caso parecido. Se trataría de visionar el cortometraje El cazo de Lorenzo y leer el cuento en el que está inspirado. Lorenzo siempre lleva encima un cazo que le hace la vida muy difícil. Estos recursos os irán muy bien para describir a las personas con dificultades y mostrar a los alumnos que la comprensión y la empatía son el mejor camino a seguir.

Y tú, ¿qué actividades llevas a cabo para trabajar la empatía? Compártelas con nosotros en los comentarios.

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Las películas son una herramienta fantástica para trabajar las emociones en el aula. Podéis utilizarlas como recomendaciones en casos concretos (por ejemplo, la muerte de un familiar, la enfermedad del abuelo…), aprovechando (o no) que un alumno esté pasando por alguna de estas situaciones. Os recomendamos (siempre) visionar antes la película, valorar la idoneidad y preparar una actividad complementaria que permita a todos los alumnos hablar de las emociones de las que trata (las suyas y las de los compañeros). Todo esto enriquecerá, sin ninguna duda, la capacidad de los alumnos de empatizar y hacer más rica la relación entre los compañeros. A continuación, ocho películas para trabajar las emociones en el aula.

      • Cartas a Dios. Óscar es un niño de 10 años que sufre leucemia y está ingresado en un hospital infantil. Sus padres casi no le visitan: son incapaces de afrontar la situación, pero Rose, una excéntrica repartidora de pizzas empieza a visitarlo y le ayuda a vivir los próximos 12 días como si cada uno de éstos fuesen 10 años. Óscar aprovecha estas jornadas para ofrecernos una profunda reflexión sobre la vida, la muerte y la necesidad de afrontar las situaciones complejas de la vida con valentía.

    • Mejor, ¡Imposible! Jack Nicolson encarna aquí el papel de Melvin, un escritor excéntrico que sufre un trastorno obsesivo compulsivo. Su egoísmo extremo le hace incapaz de atender las necesidades y los sentimientos de aquellos que le rodean. Un viaje hará que Melvin empiece a entender que sus acciones tienen consecuencias para los demás. Es un película divertida, genial para trabajar la empatía.

    • Los mundos de Coraline. Una excelente cinta de animación en la cual Coraline descubrirá un mundo paralelo donde se esconde otra versión de su propia vida. Parece que a primera vista, sus padres son mejores en el otro lado: la escuchan, pasan tiempo con ella… Pero de repente, todos da un giro y nada parecerá lo que era. Los mundos de Coraline es una película que recrea un universo metafórico y que trata los conflictos entre padres e hijos. Muy recomendable para ver en familia.

    • La mecánica del corazón. Jack nació un día que hacía tanto frío que el corazón se le congeló. Por eso se lo substituyeron por un reloj de cuco. Jack sobrevivirá siempre y cuando no toque las manecillas, controle su ira y nunca, nunca, se enamore. La mecánica del corazón es una fábula que nos habla de superar obstáculos, ser diferentes y reconocer y gestionar nuestras emociones.

    • Hay muchas películas que nos hablan de enfermedades. Arrugas, inspirada en el cómic homónimo de Paco Roca, trata el Alzheimer, los devastadores efectos de esta enfermedad y el entorno, muchas veces poco acogedor, de las residencias de ancianos. Una historia deliciosa para reflexionar sobre esta enfermedad y las emociones que nos atan a nuestros abuelos. Podéis completar esta experiencia cinematográfica con la lectura del cómic.

    • Del revés (Inside Out). En esta lista no puede faltar el último clásico de Pixar donde las cinco emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira y asco) gobiernan desde la sala de mandos en el cerebro el comportamiento de Riley, una adolescente en plena crisis existencial que acaba de mudarse a otra ciudad. La película nos explica cómo las emociones están presentes en nuestro día a día. Es una gran manera de entender el mundo de las emociones y los actos que se derivan de ellas.

    • Mi vecino Totoro. La película de Miyazaki nos traslada a una historia de la infancia, una historia de superación, una historia de situaciones límite con un final para niños y un recuerdo para siempre. Con Mi vecino Totoro se trabaja la resiliencia que es la capacidad de sobreponerse a las dificultades, a situaciones traumáticas, momentos de intenso dolor emocional, etc. De esta manera hacemos que los niños se enfrenten a sus miedos y les dotamos de la fortaleza para superarlos.

    • Quédate a mi lado. Y finalizamos con Quédate a mi lado, un clásico con las magníficas Julia Roberts y Susan Sarandon como protagonistas. Isabel es una fotógrafa que tiene que cuidar a los hijos de su nueva pareja, Luke. A la dificultad de atenderlos se unen los problemas con Ana, la ex de Luke, que a la vez sufre un cáncer terminal. Finalmente, las dos tienen que entenderse a la fuerza en una tierna historia que reflexiona sobre la muerte y el valor de las personas queridas.

Estas son algunas propuestas para trabajar en el aula, pero también para ver en familia, reflexionar y hablar juntos.

¿Qué os han parecido las propuestas? ¿Qué otras películas habéis utilizado para trabajar las emociones en el aula?

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Estamos seguros que ya conoces los beneficios de trabajar la inteligencia emocional en el aula, pero... ¿ya has empezado a aplicar dinámicas? ¿Haces algo práctico para que los niños aprendan a reconocer y expresar sus emociones? Te proponemos cinco ejemplos de actividades y dinámicas para empezar a trabajar las emociones en el aula.

 1) Dibujamos las emociones básicas. Para poder entender y expresar adecuadamente las emociones, primero hay que reconocerlas. Es el primer paso para empezar a regularlas. Lo que os proponemos es dibujar las emociones básicas explicándolas. Podéis dibujar cares con diferentes expresiones o buscar imágenes de personas que las expresen en diarios o revistas. Partid de las siguientes: alegría, tristeza, miedo, rabia, sorpresa y vergüenza.

2) Hablemos. Y tu, ¿cómo te sientes? Otra actividad interesante puede ser la de expresar como nos sentiríamos si nos encontramos en situaciones determinadas. Plantead las circunstancias (también podéis hablar de experiencias reales vividas recientemente): la maestra ha felicitado porque ha hecho muy bien una actividad que me costaba, un niño me ha quitado la pelota, no puedo ir de excursión porque estoy enfermo...

3) Los compañeros, vuestra guía. Para llevar a cabo este juego hará falta que un compañero se ponga un pañuelo en los ojos y el resto (en pequeños grupos o por parejas) le guíen a través de una "carrera de obstáculos". Él tendrá que confiar en sus compañeros para llegar a la meta. Es un juego de confianza, amistad y autoestima.

4) Rutinas de relajación. Nos irán muy bien para estar más tranquilos después de haber vivido situaciones de tensión y aprender a encarar las circunstancias difíciles. Podemos simular que somos un globo para aprender a inspirar por la nariz y a expirar por la boca. Otro ejercicio interesante de relajación puede ser el de sentarnos o tumbarnos horizontalmente, cerrar los ojos y escuchar música. El docente puede ayudar a los niños a visualizar paisajes y acciones relajantes.

5) Verbalizamos las cualidades positivas. ¿Os he dicho alguna vez cuáles son vuestras cualidades más positivas? ¿En que sois buenos? ¿Qué os gusta de vosotros mismos? Podéis sentaros en círculo, utilizar un espejo e ir pasándolo. La actividad es útil para mejorar la autoestima y desarrollar sentimientos de seguridad.

¿Qué actividades y rutinas llevan a cabo en el aula para trabajar la educación emocional?

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Los miedos durante la infancia. Aquí una temática que siempre está vigente. Trabajarlas a través de juegos y actividades es una buena manera de ayudar a los niños a verbalizar y superar su angustia. Hoy os proponemos 5 actividades para canalizar los miedos y encontrar la manera más positiva de superarlos.

  • Sombras chinas. Es con la llegada de la noche que suelen aparecer los miedos. Una actividad que os proponemos para diluir el miedo a la oscuridad y a los seres nocturnos es practicar con las sombras chinas. Apagad las luces, encended una pequeña lámpara y empezad a practicar. Podéis hacerlo con las manos o utilizando figuras de cartulina enganchadas en bastones de madera. ¿Y si representamos cuentos en pequeños grupos?

  • Sueños nocturnos. Es de noche. Ya dentro de la cama para dormir y bien tapado con las sábanas, se escucha un ruido. ¿Qué ha sido eso? ¿Es un monstruo? ¡Quizás solo es la casa que cruje! Por la noche, cuando hay calma los ruidos suenan más que nunca. Probad a poneros a oscuras y escuchad los ruidos de la noche: un grillo, la lluvia, los truenos, los búhos, las ranas, la brisa... Identificadlos y hablad sobre qué ruidos escucháis.
  • El fantasma come-miedos. Aquí tenéis una actividad interesante. Uno de los primeros pasos para afrontar los miedos es reconocerlos. En esta actividad os proponemos confeccionar un fantasma gigante y colgarlo en clase. Éste será el depositario de nuestros miedos: ya sea a través del mismo relato escrito del alumno o mediante un dibujo. Después podéis leerlos y ponerlos en común para ayudar a los niños a relativizarlos.

  • Un concurso de monstruos. ¿Qué os da miedo? ¿Cómo os imagináis a los monstruos? En esta actividad os proponemos que los alumnos dibujen su propio monstruo imaginario. Al acabar, podéis ponerlos en común e inventaros un nombre. ¿Es el monstruo tímido o el monstruo peludo? Quizá es un monstruo risueño y en realidad ¡no da tanto miedo!

  • El libro mágico de los miedos. Hablar de los miedos ayudará a los niños a relativizarlos. Invitadlos a explicar cuáles son sus miedos y confeccionad El libro mágico de los miedos, un cuento compartido donde todos participaremos con un capítulo para explicar nuestro miedo y dibujarlo.

¿Habéis trabajado los miedos de alguna manera en vuestra aula? ¿Cuáles son los temores que más se manifiestan en vuestros alumnos?

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Los miedos acompañan a los niños durante su desarrollo. A medida que éstos crecen, van apareciendo nuevos miedos y es con la madurez que se despiden y adquieren nuevos. Se trata de un proceso totalmente natural y necesario, en el cual los niños tienen que estar acompañados, ser escuchados y comprendidos. Hoy os queremos proponer cuentos para trabajar cinco miedos diferentes que pueden surgir en los niños. Podéis trabajarlos en clase, pero también podéis recomendarlos a las familias para leerlos juntos en casa y hablar con naturalidad.

  • Miedo a la oscuridad. ¿Te imaginas que algún día dejases de tener miedo a la oscuridad y fueses capaz de tomarte con ella una taza de chocolate caliente y un poco de pastel de fresa? María también tenía miedo a la oscuridad, pero lo ha perdido y nos deja sorprendidos a todos. Mi amiga la oscuridad, de Ella Burfoot es un cuento original y cautivador, que nos ayudará a dejar atrás uno de los miedos más clásicos. Otro título que os recomendamos con los ojos cerrados es Encender la noche, de Ray Bradbury.

  

  • Miedo a la muerte. La muerte forma parte de la vida e incluso es necesaria. Jack se encuentra con la muerte y como cree que viene a buscar a su madre enferma, la atrapa y la encierra en un bote. Entonces, pero, nada se muere y lo que parecía un motivo de alegría, acaba generando un autentico caos. Jack y la muerte, de Tim Bowley & Natalie Pudalov es un canto poético, con una imágenes maravillosas y una metáforas visuales muy bonitas. Siempre te querré, pequeñín de Debi Gliori también trata el tema de la muerte y la preocupación que muchos niños manifiestan por la posibilidad que la madre y sus seres queridos mueran algún día.

  

Podéis encontrar más cuentos en el siguiente enlace.

  • Miedo a los animales. Genoveva es una araña de la cual todo el mundo tiene miedo y ella quiere saber porqué. ¿De qué tienes miedo? de Violeta Monreal es un cuento que trata el miedo a los animales. En este caso, también nos gustaría recomendaros El perro negro de Levi Pinfold, un  cuento que hablar de tener miedo, pero que también habla de cómo no tener miedo. Ganadora de los premios Kate Greenaway 2013 y Kirirko 2014, cuenta con unas ilustraciones impresionantes y nos transporta a una historia maravillosa.

  

  • Miedo a los monstruos. Hace poco un cuento titulado Yo mataré monstruos por ti de Santi Balmes ocupa un buen lugar en casi todas las bibliotecas. Se trata de un cuento donde las personas conviven en el mismo mundo que los monstruos. ¿Y si nos acercamos a conocerlos?

  • Miedo a la separación. Durante toda nuestra vida, decimos adiós a muchas personas y cosas. Nos despedimos continuamente de nuestros seres queridos, de los amigos e incluso de los objetos que ya no utilizaremos más. Hay niños que manifiestan una gran angustia en el momento de separarse de sus padres, por ejemplo. No te vayas, de Gabriela Keselman y Gabriela Rubio es un cuento donde Catalina entenderá que hay cosas y personas que tienen que irse, por muy bonitas y placenteras que nos parezcan; el padre, cuando vamos a dormir; el sol, cuando se pone...

¿Qué os han parecido las propuestas? ¿Qué otros libros habéis utilizado para trabajar los miedos de los niños? ¡Compartidlos en los comentarios!