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La caza del tesoro es una actividad muy utilizada por los docentes que consiste en formular una serie de pre

La caza del tesoro es una actividad muy utilizada por los docentes que consiste en formular una serie de preguntas y en aportar una lista de direcciones web, de las cuales se pueden extraer las respuestas. Estas cazas suelen incluir una gran pregunta final, en la que los alumnos tendrán que captar aquello que han aprendido. En la red encontraréis cazas preparadas, pero dependiendo de cuáles sean los objetivos curriculares, será del todo necesario que los confeccionéis vosotros mismos. Hoy os explicamos cómo podéis crear cazas del tesoro para trabajar las emociones.

Para empezar, haced una pequeña introducción 

La caza del tesoro debe tener un esquema bien definido. En primer lugar, haced una pequeña INTRODUCCIÓN del tema.

Por ejemplo: Las emociones son una característica propia de los seres humanos. Cada día experimentamos emociones negativas y positivas. Para ganar equilibrio y capacidad de enfrentarnos a la vida, tenemos que aprender a reconocer cuáles son estas emociones.

 Las preguntas

A continuación, podéis formular una serie de PREGUNTAS (las que consideréis oportunas) sobre este tema. Por ejemplo:

  • La madre y el padre han venido juntos a buscarte a la escuela. ¿Qué has sentido? 
  • Tu mejor amigo se ha enfadado contigo a la hora del recreo. ¿Qué haces? 
  • A la hora de ir a dormir mi padre deja la luz encendida, porque no me gusta dormir a oscuras. ¿Y eso? 
  • Hoy je jugado a la pelota en el comedor de casa y he roto un jarrón. Mi madre me ha regañado. ¿Cómo me siento? 
  • Mi padre ha hecho brocoli para comer y no me gusta nada. ¿Qué hago?
  • He leído muy bien y la maestra me ha felicitado. ¿Qué siento?

La gran pregunta y los recursos

Finalmente, tendréis que elaborar d’elaborar UNA GRAN PREGUNTA donde el alumno tenga que hacer una reflexión sobre aquello que ha aprendido sobre estas emociones y sus vivencias personales. Antes tendrán que consultar los recursos web proporcionados. Aquí tenéis algunos ejemplos:

Podéis asociar estas emociones a las situaciones cotidianas que viven los niños. De esta manera, aprenderán a diferenciar las emociones y a entender que sentirlas es lo más normal y como no, parte indispensable de la vida.

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En el aula podéis trabajar la atención a la diversidad de diferentes maneras, pero una buena opción es la de utilizar diferentes libros y cuentos como apoyo. Hoy os proponemos 10 interesantes.

El soldadito de plomo

El Soldadito de plomo. El primer libro que os queremos proponer es un clásico. El soldadito de plomo, pero en una versión realizada por Clara Luna Rodríguez, investigadora de departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada. Se trata de un proyecto gráfico muy simple, con imágenes ilustradas, que permite leer sin saber. Elaborado con la colaboración de personas con discapacidad intelectual y profesionales de este ámbito, el cuento ha pasado la prueba después de haber sido leído por 97 personas con diversidad intelectual de 6 a 66 años y niños de 4 y 5 años, sin esta diversidad. ¿El resultado? ¡Todo un éxito!

 

El patito feo. Aquí tenéis otro clásico, El patito feo de Hans Christian Andersen. Es la historia que trata por excelencia el tema de la diversidad y que en su momento, Andersen escribió como reflejo de aquello que él mismo había vivido. Una metáfora sobre las personas con diversidad y las diferentes etapas de crecimiento que viven los niños.

 

Por cuatro esquinitas de nada. De Jêrome Ruiller es un cuento que ha popularizado en los últimos años y que habla sobre la diferencia, la integración y la inclusión. El cuento también fomenta la búsqueda de soluciones y nos habla de la frustración, la misma emoción que nos llevará a buscar alternativas.

 

El cazo de Lorenzo. Lo hacemos demasiado a menudo: señalamos las diferencias y las convertimos en hechos negativos. En El cazo de Lorenzo, Isabelle Carrier nos habla de Lorenzo y su caso de superación. A parte de la versión en papel, disponéis de un vídeo donde se explica el cuento en forma de unas animaciones preciosas para ver en el aula o utilizar como apoyo.

 

Elmer. Todos somos diferentes. Niños y adultos. Elmer es un cuento con un elefante como protagonista, en el cual las diferencias se convierten en razones para querer. Una propuesta simpática y colorista que os encantará y que también encontraréis en vídeo.

 

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Cuentos para descubrir inteligencias. Howard Gardner (Premio Príncipe de Asturias 2011 de Ciencias Sociales) ha conseguido definir hasta nueve tipos de inteligencias: lingüística, lógico-matemática, viso-espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal, naturalista y existencial. La psicóloga Begoña Ibarrola ha desarrollado una serie de cuentos y propuestas de actividades para favorecer cada una de estas inteligencias, así como dotar a los niños de un montón de oportunidades. Se trata de que puedan descubrir cuáles son sus talentos y potenciales escondidos.

 

El lirbo negro de los colores. Érase una vez un cuento para ver los colores con los ojos cerrados. El libro negro de los colores de Menena Cottin nos acerca a la diversidad de la ceguera, de manera que nos permite tocar, oler y experimentar todo tipo de sensaciones.

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El punto. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿De dónde puedo partir? El punto de Peter H. Reynolds es, efectivamente, un punto de partida que nos ayudará a explorar nuestro yo y que nos abrirá las puertas de la expresión artística. Se trata de una oportunidad fantástica para desarrollar nuestra capacidad de expresarnos y consolidar nuestra personalidad.

 

Otra cosa. Y aquí tenéis otro cuento que fomenta el respecto hacia los demás. "Otra cosa" quiere ser como los otros niños, pero no lo consigue. Un día aparece otra criatura que se llama "Algo" y que quiere ser su amigo... De Kathryn Cave, el cuento cuenta con las ilustraciones de Chris Riddel.

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Érase una vez un bosque. Y cerramos este especial de recomendaciones de libros para atender la diversidad con Érase otra vez un bosque, de Elisa Gehin. Se trata de un cuento para primeros lectores donde los protagonistas son los pájaros que viven en los árboles. Habla de la diversidad y de los conflictos que se producen en la convivencia.

 

 

 

¿Os han gustado estas propuestas? ¿Tenéis alguna más?

Educación-Docente-Felicidad

La felicidad es una asignatura. En el Wellington College, un prestigioso internado inglés imparte horas de felicidad desde los 5 años. Según la ONG Ghildline, uno de cada diez británicos menores de 18 años sufre ansiedad y depresión crónicas. Entonces, podríamos decir que la felicidad de los niños y niñas también es una asignatura pendiente. En nuestro país, por ejemplo, estos problemas se han agravado a causa de la situación de la crisis que muchas familias siguen sufriendo.

El aula es un espacio para el aprendizaje donde todos los niños y niñas deben tener las mismas oportunidades. Hoy os queremos inspirar con las mejores frases para niños sobre la felicidad por bandera y vivir el tiempo en la escuela con plenitud y sonrisas. ¡Porque hay motivos para hacerlo!

 

 

Educación-Docente-Felicidad

Definir la felicidad no es fácil. No son pocos los teóricos que han intentado hacerlo desde la vertiente de la educación emocional. Pero no han sido los primeros. Filósofos y pensadores lo han intentado desde el inicio de los tiempos, pero lo cierto es que sus aportaciones no han cerrado el debate. La Real Academia Española define la felicidad así: Estado de grata satisfacción espiritual y física. Todo el mundo coincide, no obstante, que se trata de un estado de ánimo que no es constante y que la percepción de qué es y qué no es la felicidad es muy subjetiva de un individuo al otro.

 

DIENER, SUH, LUCAS y SMITH, 1999, investigadores en el campo de la Psicología Positiva resuelven que la felicidad requiere tres conceptos clave:

  • Experiencias de afecto positivo frecuentes (placer, amor, alegría...)
  • Experiencias de afecto negativo infrecuentes (ansiedad, tristeza, dolor...)
  • Altos niveles de satisfacción vital

Aprender a ser feliz, ¿es posible?

La filósofa y escritora Elsa Punset explica en entrevistas recientes que las emociones se pueden entrenar, como podemos entrenar la inteligencia racional. No obstante, parece que hay evidencias de que conseguir una mejora en la felicidad de las personas no es del todo posible o solo lo es temporalmente. Sonja Lyubomirsky y otros científicos fundamentan esta creencia en tres premisas científicas básicas: la genética determina nuestro nivel característico de felicidad, la estabilidad de las dimensiones de la personalidad y la capacidad de adaptación hedónica, que hace que nos acostumbremos rápido a las novedades.

Actividades en el aula para aumentar el nivel de felicidad

  • Un poco de ejercicio físico. Un estudio realizado por Daniel Lenders (Universidad Estatal de Arizona) concluye que para calmar la ansiedad funciona mejor el ejercicio que la relajación o la meditación. Añadid una rutina de ejercicio diaria: bailar, hacer unos cuantos saltos o estiraros. 
  • Abrazaros y daros las gracias. Practicar la gratitud con los demás y con nosotros mismos es un gesto fundamental para sentirnos vivos, aquí y ahora. 
  • Las actividades artísticas como el dibujo, la danza, el canto o la escultura pueden convertirse en excelentes fuentes de felicidad. Encontrad cuál es vuestro elemento favorito, trabajadlo y ¡disfrutad! 
  • Actividades al aire libre. Ahora que llega el buen tiempo, ¿por qué no salís a hacer clase de ciencias al patio? También podéis ir paseando hasta un lugar bonito e inspirador para leer un rato o hablar de las últimas lecturas que hayáis hecho. Las actividades al aire libre reducen el estrés y aportan momentos de auténtica felicidad. 

Algunos recursos interesantes

 

Un blog sobre felicidad: La felicidad está delante

http://www.lafelicidadestadelante.com/

Ser feliz es cuestión de voluntad

http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-ser-feliz-cuestion-voluntad/529636/

Educación Docente - Actividades rabia

La rabia y el enfado son emociones de la misma familia, pero el hecho es que no son exactamente lo mismo. De hecho, la rabia suele ser producto de un enfado un resulto y la mayoría de veces, las dos emociones conviven con nosotros. A través de la educación emocional, los niños tienen que comprender que experimentar rabia, ira o enfado es natural e incluso sano. Disponéis de muchos recursos que os ayudarán a trabajar estas emociones (los cuentos son una buena opción), pero hoy os queremos proponer cinco actividades y dinámicas para trabajar la emoción de la rabia en el aula.

1) Conocer la emoción. Ya sabéis que antes de saber gestionar una emoción, sea positiva o negativa, hay que conocerla de cerca y saberla reconocer. La primera actividad que os proponemos es la de hablar de las emociones de enfado y de rabia: qué situaciones os hacen enfadar, qué sentís cuando os enfadáis, qué sensaciones físicas os sobrevienen... Podéis plantear experiencias cotidianas e invitar a los niños a explicar cómo se sienten. Disponéis de cortometraje titulado Respira (es en inglés, pero cuenta con subtítulos en castellano) que os ayudará a explicar la rabia y os ofrecerá técnicas para gestionarlas de la manera más adecuada.

2) Un espacio para la reflexión. Si por el motivo que sea, la emoción del enfado y la rabia se manifiestan muy a menudo en los niños - porque así lo comunican ellos o porque observáis situaciones que la provocan en el entorno escolar - podéis organizar un espacio de reflexión que les permita manifestar lo que sienten cuando se enfadan y hablar sobre las situaciones que provocan estas emociones. Para hacer más gráfica la explicación podéis utilizar un globo que sirva de metáfora: la rabia contenida dentro del globo puede acabar haciendo que explote sino sabemos canalizarla. Es necesario que el globo se desinfle totalmente.

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3) Dibujamos, pintamos, modelamos... ¡nos expresamos! Ya hemos visto que cuando hablamos de emociones, comunicar es primordial. Otra manera de fomentar la expresión de estas emociones negativas y la gestión de la rabia puede pasar por dibujar en un papel con lápices de colores. No es necesario que sea un dibujo que describa la situación vivida: ofreced al alumno/a las posibilidades de expresarse con libertad. Después, hablad sobre el dibujo, pero evitad que lo haga en términos negativos. ¡Girad la tortilla! También podéis pintar o bien modelar con plastilina, pasta o incluso arena. ¡Puede ser una actividad casi terapéutica!

balloons-892806_19204) Líbrate de la rabia. Otro ejercicio muy gráfico puede ser el de ayudar a los alumnos a liberar sus emociones de rabia a través de globos. De hecho, se trata de una actividad que también puede ayudar a los adultos a comprender y dejar ir las emociones más negativas. En primer lugar, después de describir lo que sienten, podéis pedirles que escriban un pequeño resumen de aquella emoción que está actuando como un obstáculo y que les hace sentir rabiosos o bien con ira. Poned el papel dentro del globo y llenarlo de aire. Salid al exterior y hacedlos volar para liberaros de la rabia, explicando que las emociones tienen que expresarse y salir al exterior. ¡La comunicación es un bálsamo muy reconfortante!

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5) Técnicas de relajación. A veces se producen situaciones, dentro y fuera del aula, que nos hacen enfadar, nos hacen rabiar o experimentar ira. Aprender a relajarse es importante en muchos momentos de la vida, así que os proponemos dedicar cinco minutos a deshacer tensiones. Aseguraros que el entorno sea propicio: luz tenue, música agradable y si puede ser, cuerpo relajante (sobre una colchoneta o cojines). Ayudad a los niños a controlar su respiración y ofrecerles, de viva voz, la descripción de un paisaje relajante. Se trata de una técnica muy sencilla, pero efectiva, tanto para niños como para adultos, que os ayudará a crear un ambiente más propicio y a hacer aflorar emociones positivas reconfortantes.

¿Cómo explicáis las emociones de la rabia y el enfado a vuestros alumnos/as? Podéis compartirlo con nosotros en los comentarios.

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Hablamos abiertamente de emociones positivas, como son la alegría, la gratitud, la sorpresa o el amor. Cultivar, vivir y entenderlas es relativamente fácil, pero, ¿qué hacemos con las emociones negativas? ¿Cómo reconocer y gestionar bien el miedo, la tristeza o los celos? Hoy queremos ayudaros a trabajar dos emociones complicadas, pero muy frecuentes, tanto en los niños como en los adultos: la rabia y el enfado. A continuación, seis cuentos interesantes.

  • ¡Qué RABIA de juego!, Meritxell MartíLa Tina ha perdido al dómino y se ha enrabiado mucho. A su amigo Toni eso no le ha gustado nada, así que ha decidido inventarse una para que no vuelva a pasar. El cuento forma parte de la colección Toni & Tina, impulsada por la Editorial Castellnou i el Hospital Sant Joan de Déu para trabajar las emociones con los niños a través de situaciones cotidianas y divertidas.

Podéis encontrar más información, recursos y actividades para trabajar este libro en el blog de Club Peques Lectores.

  • Tú tienes la culpa de todo, Begoña Ibarrola. Érase una vez dos ardillas hermanas que viven en el bosque. Una de ella echa la culpa a la otra de todos los problemas que tiene y su relación se deteriora. El cuento, de Begoña Ibarrola, está editado por Cruïlla y además de tratar la emoción de la rabia, nos habla del egoísmo y del sentimiento de culpabilidad.

  • Un poco de mal humor, Isabelle Carrier. De la autora de El cazo de Lorenzo, también tenemos Un poco de mal humor. Isabelle Carrier nos habla de Pit y Pat, dos personajes que se hacen inseparables, pero entre los cuales pronto surgirán las primeras diferencias. Así, el mal humor se convertirá en una tónica demasiado habitual. Se trata de un cuento magnífico, con unas ilustraciones muy bonitas y un desenlace muy sensato.

  • Sometimes, Emma Dodd. Muchas veces, las personas que queremos también nos inspiran emociones de enfado y rabia. Aceptarlas y canilizarlas no siempre es fácil. A veces (Sometimes), el elefantito está triste. A veces, es amable. A veces, también está enfadado, aunque sabe que su madre siempre le querrá...

  • Emma Enfadosauria, Brian Moses. Emma Enfadosauria se enfada por todo: si no gana cuando juega, cuando sus hermanos reciben regalos, cuando no puede ver lo que quiere en la tele... Sus expresiones de enfado son muy variadas: patadas, golpes e incluso rugidos. ¿Conseguirá calmarse?

¿Cuáles son vuestros títulos favoritos para trabajar las emociones del enfado y la rabia? ¡Podéis compartirlos en los comentarios!

 

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La inteligencia se puede entrenar. Esta es, sin lugar a duda, una de las conclusiones más importantes que se extrae de la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Hoy os queremos proponer ocho actividades, una para cada inteligencia, que podéis llevar a cabo en el aula para desarrollar las inteligencias múltiples de los alumnos y alumnas.

  1. Inteligencia musical. Dar entrada a la música es fundamental para desarrollar esta inteligencia. Podéis ponerla habitualmente a los alumnos en diferentes momentos del día, pero las opciones son infinitas: componer canciones, crear instrumentos, utilizar vocabulario musical, explicar diferentes temas o cuestiones a través de las canciones...
  1. Inteligencia lingüística. Para trabajar la inteligencia lingüística podéis llevar a cabo cualquier actividad relacionada con la lectura o la escritura. Nosotros os proponemos que cada alumno prepare un pequeño discurso (también pueden escribirlo) sobre un tema del cual se consideren expertos. También podéis trabajar la escritura a través de diarios, narraciones... o elaborar obras de teatro, poemas, cuentos, etcétera.
  1. Inteligencia lógica-matemática. En este caso, os proponemos la resolución de un problema a través de la lógica y la estrategia. Podéis inventar cuentos con problemas y acompañar a los alumnos en el proceso de resolverlos. Sería interesante dar entrada a habilidades cognitivas de alto nivel, como por ejemplo, contrastar, analizar, formular hipótesis...
  1. Inteligencia espacial. En este sentido, es importante trabajar con representaciones pictóricas, cuadros, dibujos y mapas mentales. Aprovechad los diferentes conceptos que explicáis en el aula para hacer que los alumnos los desarrollen y representen de manera gráfica. También tienen que utilizar la imaginación, dibujar, pintar, esculpir y en general, tenemos que hacer posible que amen el arte.
  1. Inteligencia corporal-cinestésica. Aquí se incluyen actividades de carácter físico, crear modelos y aprender diferentes habilidades, como representar a través de secuencias, hacer coreografías o mímica. También os proponemos hacer salidas didácticas y ofrecer a los alumnos materiales para que resuelvan problemas matemáticos o lógicos.
  1. Inteligencia interpersonal. Poned en práctica un juego o una tarea en común donde cada alumno/a haya adquirido un rol, es decir, responsabilizarse de una parte del proyecto para llegar a los objetivos comunes.
  1. Inteligencia intrapersonal. Para cultivar la inteligencia intrapersonal os proponemos que cada alumno elabore un portfolio y sea capaz de evaluar su propio aprendizaje.
  1. Inteligencia naturalista. Una actividad básica que se encamina hacia esta dirección es la de observación. Después de hacerla, por ejemplo, con una serie de plantas aromáticas, pedid a los niños que las dibujen cogiendo los detalles o características más importantes.

¿Queréis compartir con nosotros algunas de las actividades que habéis llevado a cabo en el aula para desarrollar las inteligencias múltiples? Tenéis espacio para hacerlo en los comentarios.

 

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La ciencia ha demostrado que el cerebro no distingue la realidad del pensamiento. Esto quiere decir que cuando pensamos, se activan los mismo circuitos neuronales que cuando hacemos algo o cuando recordamos. Esto es importante porque los pensamientos son capaces de fijar realidades que no siempre son como nosotros los dibujamos o imaginamos. Las técnicas de visualización, meditación e imaginación creativa trabajan en este sentido. Así pues, para aprender a gestionar nuestras emociones hay que, antes, aprender a gestionar nuestras creencias. Se trata, sin lugar a dudas, de una manera de profundizar en nosotros y ayudar a nuestros alumnos y compañeros a hacerlo.

¿Cómo conseguir creencias positivas?

Los recuerdos y las sensaciones van muy asociados a las creencias. Cualquier recuerdo o pensamiento es capaz de abrir un abanico inmenso de emociones: una reacción en cadena que, si se centra en una emoción negativa, puede sumergirte en una espiral de pensamientos poco constructivos. Dejar de alimentarlos es fundamental para trabajar nuestras propias creencias y fomentar las emociones positivas. Esto nos ayudará a mejorar nuestra vida y las relaciones con los demás.

Pero, ¿cómo se hace? ¿Cómo puedo empezar a entrenar mi cerebro para conseguir tener creencias positivas?

  1. Un primer paso: identifica tus emociones. Antes de empezar a trabajar con tus creencias tienes que ser consciente de aquello que sientes. Es posible que una situación negativa del pasado nos impide pensar que esta vez lo haremos bien. Haz una inmersión en tus recuerdos para identificar situaciones, vivencias y emociones. Analízalas bien, observa qué cambios has hecho en tu vida y si realmente es lógicos que pienses que no lo conseguirás.
  1. Para los pensamientos negativos. Ya has identificado las emociones negativas, ahora hay que parar los pensamientos negativos que se han desencadenado y que están obstaculizando tu progreso positivo. Para conseguirlo puedes hacer un breve ejercicio de meditación que te ayudará a recuperar el control de tus emociones.

  1. Empieza a pensar en positivo. Se trata de ver el lado bueno de las cosas, porque es precisamente eso lo que te ayudará a avanzar hacia el éxito. Concéntrate en las cosas buenas, es decir, en aquello que logres cada día y en las soluciones, en lugar de dar vueltas a los problemas. Cada vez que afrontes una nueva situación (sea negativa o positiva), intenta analizar qué ha pasado y cómo lo has resuelto. Es una gran oportunidad de aprendizaje.

Por último, intenta pasar a la acción: hacer las cosas y avanzar hacia tus objetivos. Incorpora novedades (por pequeñas que sean) en tu día a día, porque el factor sorpresa es un nuevo motivo para aprender a hacer pasos adelante, adquirir nuevas experiencias y romper esquemas negativos.

Imagínate en el futuro haciendo aquello que deseas hacer. Todos los pasos que hagas valdrán la pena porque te ayudarán a llegar a tu meta. Con todo, habrás solidificado las creencias positivas y podrás continuar adelante con toda la firmeza y convicción.

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La muerte de un ser querido es una vivencia que puede producirse durante la niñez. Si bien es cierto que los adultos podemos afrontar la muerte de un abuelo, padre, hermano o amigo con un mayor grado de madurez, los niños lo tienen un poco más difícil. En este sentido, hay que tener claro que no tenemos que proteger a los niños de la muerte ni ocultarles la realidad. En cambio es necesario ayudarlos a afrontar el proceso del duelo juntos y con toda la naturalidad posible.

Como docentes podemos ofrecer nuestra ayuda a los niños y niñas y a las familias. Si la muerte ha sido traumática o especialmente cercana (una madre, un padre, un hermano...) hay que hablar con la familia y darles la mano para colaborar en el proceso del duelo.

¿Qué podemos hacer como docentes en el aula? 

  1. Decir la verdad. Utilizad términos directos, nunca eufemismos como "ahora el abuelo está durmiendo" o "hemos perdido a tu madre".
  1. Dejad que exprese sus emociones. Hablar de la muerte de un ser querido con el resto de la clase puede resultar reconfortante y a la vez, despertar emociones y recuerdos en otros compañeros y compañeras. Siempre respetando el tiempo del duelo del niño/a.
  1. Tranquilizadlo. Ofrecedle apoyo y consuelo. A menudo los niños expresan un sentimiento de culpabilidad respecto a la muerte que se ha producido. Tenemos que tranquilizarlo y ofrecerle todo nuestro apoyo, emocional y físico, posible. Que os tenga cerca.
  1. Trabajad los recuerdos. Los recuerdos son aquello que nos queda del ser querido que ya no está. Podéis ofrecer al niño/a la posibilidad de expresarse como quiera, también a través de la escritura o utilizando cualquier otra forma de expresión artística que le motive.
  1. Observad cuál es la respuesta del niño/a. Durante el primer año de la pérdida, algunos niños pueden manifestar problemas de tipo depresivo. Observadlo y mantened un contacto regular con la familia y el resto de los docentes.

Si queréis, podéis compartir vuestras experiencias en los comentarios.

EducaciónDocente

La educación emocional tiene que abarcar todas las situaciones y contextos del aula y de la vida de los alumnos y alumnas, pero en determinadas ocasiones, la necesidad de aplicar nuestros conocimientos en este ámbito se hace más imprescindible. Aunque las familias y los mismos alumnos con altas capacidades tendrían que considerarse afortunados, también se ven obligados a enfrentarse a una serie de problemáticas derivadas de esta circunstancia. La educación emocional nos puede ayudar.

¿Cómo se sienten los alumnos y alumnas con altas capacidades?

Estudios y expertos coinciden en el hecho de que los niños y niñas con altas capacidades tienen las mismas necesidades que otros niños. Su desarrollo es idéntico, aunque algunas etapas se hayan avanzado. Parece, pero, que tanto las necesidades como las problemáticas suelen manifestarse más a menudo en los niños dotados.

A veces, estos niños/as son capaces de comprender conceptos abstractos, pero no pueden hacerles frente emocionalmente. Esto da lugar a preocupaciones demasiado intensas sobre temas como la muerte o el futuro. También se detectan actitudes perfeccionistas que les incapacitan para realizar tareas que hayan podido imaginar intelectualmente o tienen conversaciones adultas, combinadas, en contraste, con actitudes puramente infantiles.

En general, los niños/as con altas capacidades pueden sentir un miedo intenso al fracaso (hasta el punto de no llevar a cabo ciertas tareas por temor a no hacerlas bien), timidez, rechazo frontal de las críticas, ira o sensibilidad extrema para hechos dramáticos que suceden en el mundo.

Algunas pautas de intervención 

En primer lugar, y desde nuestra posición, hay que ayudar a los niños/as -a todos, en general y a los alumnos/as diagnosticados con altas capacidades, en particular- a hacer frente a las emociones intensas. Por eso, hay que ejercitar y fomentar diariamente las conversaciones sobre nuestras emociones y sensaciones, así como dar la mano a todos los alumnos para resolver cualquier conflicto o necesidad.

En las etapas de infantil, los especialistas proponen actividades para fomentar la creatividad en espacios libres, mientras que en primaria se pueden dedicar algunas horas lectivas a profundizar sobre ciertos conocimientos. En las etapas de secundaria se deja espacio para la investigación y la elaboración de nuevos contenidos, tareas que puedan resultar útiles para animar a los alumnos, hacerlos sentir libres y capaces de explorar nuevos ámbitos.

Y tú, ¿cómo trabajas con los alumnos y alumnas con altas capacidades?