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El Profe Mochilero: 168 millones de razones para reabrir la educación

El 1 de abril se “celebra” el día mundial de la educación. Digo celebrar entre comillas porque el último informe que presentó UNICEF referente al seguimiento de la actividad educativa a nivel global durante la pandemia no invita a ser muy optimista. El análisis va desde el 11 de marzo de 2020 hasta el 2 de febrero de 2021 y plantea la necesidad de abordar, de manera prioritaria y responsable, la reapertura de las escuelas por parte de los gobiernos.

Se cumple un año del inicio de la pandemia del COVID-19 y a día de hoy es evidente que ha causado un auténtico terremoto en nuestras vidas. El impacto del coronavirus provocó el confinamiento forzoso de los centros educativos dejando unas cifras escalofriantes en cuanto a desconexión educativa, pero vamos por partes. Al principio parecía que solo iban a ser 2 semanas, después 2 meses, hasta que se fue prolongando y un año después las escuelas de 168 millones de niños y niñas de todo el mundo siguen cerradas, la mayoría de ellas se encuentran en América Latina y el Caribe. A nivel mundial, al menos 214 millones de estudiantes (de todas las etapas educativas) han perdido más de tres cuartas partes de su educación presencial. Por otro lado, las cifras también revelan que a día de hoy, el 53% de los centros educativos del mundo han vuelto a la presencialidad total y casi una cuarta parte han abierto parcialmente. Sin embargo, las puertas no se han vuelto a abrir en 27 países en los que viven 196 millones de niños, niñas y jóvenes, el 13% a nivel global.*

Recreación presentada en la sede de Naciones Unidas de Nueva York el pasado 3 de marzo de una clase con 168 pupitres vacíos simbolizando los millones de niños y niñas que llevan un año sin ir a la escuela.

La desigualdad se ha acentuado en el derecho al acceso a la educación

Como ya nos ha demostrado esta pandemia, los efectos de las medidas restrictivas no afectan a la población por igual. Las cifras, una vez más, reflejan la situación de emergencia que sufren los sectores más vulnerables y que en un día como hoy no deberíamos mirar hacia otro lado y “celebrar” (permitidme una vez más el uso de las comillas) el día mundial de la educación sin hacer un pequeño ejercicio reflexivo: ¿Está realmente garantizado el derecho a participar de una educación primaria, gratuita, obligatoria y universal? Recordamos que así se recoge en la Declaración Universal de Los Derechos Humanos de la UNESCO. Ciertamente, cada país aplica sus restricciones igual que cada país goza o sufre las consecuencias de la globalización y el repartimiento desigual de la riqueza mundial, pero ¿En qué medida se está vulnerando el derecho a la educación en ciertos países?

“Conforme se acerca el primer aniversario del comienzo de la pandemia de COVID-19, la realidad vuelve a recordarnos la catastrófica emergencia educativa que se originó como consecuencia de los confinamientos mundiales. Cada día que pasa, los niños que no pueden acceder a la educación presencial se van quedando cada vez más rezagados, y los más marginados sufren las peores consecuencias”, declaraba Henrietta Fore, directora Ejecutiva de UNICEF durante la presentación del informe. “No podemos permitir que, por segundo año consecutivo, estos niños sigan sin poder asistir a la escuela de forma presencial o que la presencialidad siga siendo limitada. No debemos escatimar esfuerzos para mantener las escuelas abiertas o darles prioridad en los planes de apertura”.

El aprendizaje a distancia puede complementar la educación básica, pero nunca sustituirla

La educación no presencial ha llegado para quedarse, afirman muchos expertos. La pregunta es: ¿Se pueden cubrir las necesidades recogidas en la educación básica de manera no presencial? Es importante tener claro qué paradigma educativo nos sirve de referencia para poder contestar esta cuestión. Para empezar, la escuela debe ser concebida como un espacio comunitario que ofrece elementos fundamentales para el desarrollo en la infancia y no como una academia. Entre estos elementos están la socialización entre iguales, la oferta de apoyos personalizados, el contacto con la diversidad, la atención emocional o el acceso a comidas nutritivas, entre muchos otros. A día de hoy, me resulta muy difícil encontrar una manera alternativa de cubrir todos estos elementos restringiendo la presencialidad de la escuela. Además, podríamos poner de manifiesto la importancia del juego interactivo físico y las experiencias en el entorno natural para el buen desarrollo en la infancia, así como los múltiples estudios que demuestran los efectos adictivos y de dispersión que provoca el uso excesivo de pantallas en edades prematuras (y no tan prematuras).

"Para al menos 463 millones de niños y niñas cuyas escuelas cerraron por la Covid-19,
no existió la educación remota" (UNICEF).

Quizás muchas empresas vean una oportunidad de mercado en promover la formación a distancia y muchas marcas intentan venderlo como la “última tendencia innovadora” en el aprendizaje, sin tener en cuenta la edad de desarrollo. En este oportunismo incluso se puede detectar un retroceso en la atención real de las necesidades básicas de la infancia y una privatización de la educación que puede generar una brecha digital donde los sectores más vulnerables corren el riesgo de quedar apartados. Quizás en este último año, la educación universal haya sido menos universal, menos primaria, menos obligatoria y menos gratuita, así que podríamos convertir la “celebración” en una reivindicación. Quizás sea el momento de defender más que nunca este derecho fundamental en la infancia como es el acceso a la educación. Quizás se abre un periodo para proteger, aún más, a toda una nueva generación afectada y para exigir a los gobiernos unos planes de apertura segura de los centros educativos para dejar de vulnerar el derecho a la educación, aumentar la brecha social y favorecer la privatización del modelo educativo.

Defender un modelo educativo presencial, seguro y equitativo de protección a la infancia con la escuela y para la escuela

Según los últimos datos publicados por la UNESCO, más de 888 millones de niños y niñas de todo el mundo siguen sufriendo interrupciones en su educación debido al cierre total o parcial de las escuelas. En muchos países, la infancia más vulnerable que no tiene acceso a una educación a distancia corre el riesgo de desconectar de su vida escolar y de no regresar más a la escuela. Eso puede asociar problemas más graves derivados al cierre de las escuelas como el trabajo infantil o el matrimonio infantil. 

Analizar esta situación y trabajarla desde las aulas con los alumnos, ajustando el discurso a cada nivel y contexto, es el mejor remedio para proteger y promover una educación presencial mundial que proteja a la infancia. Introducir y fomentar entre el alumnado el aprendizaje de las desigualdades que existen entre las oportunidades educativas que hay en el mundo puede ser un incentivo para valorar la escuela como eje natural de protección y aprendizaje común. Fortalecer la conexión entre el hogar y el centro educativo para educar en comunidad, compartiendo proyecto y asumiendo el rol que les corresponda, porque como dicen: “La escuela es mi segundo hogar, pero el hogar es mi primera escuela” y por lo tanto, la educación nace en casa. ¿Pero, qué sucede cuando no hay un primer hogar de referencia?

El día mundial de la educación puede servir como motivo para reflexionar sobre las condiciones y desigualdades globales que se han generado en el acceso educativo a partir de la pandemia. Trabajar esta reflexión entre el colectivo docente, el alumnado y la comunidad educativa en general es un deber ético para proteger y prosperar un sistema educativo presencial, primario, equitativo, público y universal. Un sistema que proteja y oriente a todas las generaciones de cualquier virus, pero sobretodo, de la estupidez y la ignorancia humana.

*NOTA PARA EL LECTOR: Todas las cifras expuestas en este artículo están basadas en el último informe Análisis del cierre de las escuelas de UNICEF publicado el pasado 3 de marzo de 2021. Los datos son de consulta pública

Después de la COVID-19 ya nada será igual. La nueva normalidad a la que nos empuja a toda prisa la economía ha vuelto a descentrar unos objetivos que dábamos por buenos nada más empezar la pandemia. Entonces sentíamos, seguramente, la necesidad de encontrar sentido a una situación que hoy todavía no podemos ver con perspectiva, pues, la COVID-19 sigue entre nosotros, como una amenaza latente. 

Los niños tuvieron que dejar la escuela rápido y sin contemplaciones, de un día para otro, sin saber muy bien cuál era el alcance de la situación. A los adultos nos ocurrió algo muy parecido. A lo largo de estos días no hemos dejado de sorprendernos de la capacidad de los pequeños para soportar estos días de confinamiento o entender las consecuencias de una pandemia global. En las nuevas fases del Estado de Alarma se han puesto la mascarilla sin quejarse y hasta nos han dicho. “No hace falta que me lo recuerdes, ya sé que no tengo que tocar nada cuando salimos de casa”. 

Cuando toque hacerlo en el contexto de esta nueva normalidad, muchos alumnos volverán a los centros educativos con una mochila cargada de experiencias, emociones y aprendizajes. Y si bien esto ha sido difícil para todos, hay que tener en cuenta que habrá niños y jóvenes que también serán arrastrados por esta corriente de nueva normalidad habiendo afrontado pérdidas muy duras. 

La muerte en tiempos de la COVID-19

Para comprender en toda su magnitud la situación que muchas familias han afrontado durante la pandemia hay que ser consciente de cuáles han sido las circunstancias que han rodeado la muerte en tiempos de la COVID-19. 

Hayan muerto o no a causa del virus, los familiares de nuestros alumnos habrán afrontado, en los casos de hospitalización, un aislamiento todavía más complicado que el que la mayoría hemos llevado a cabo en nuestros hogares. 

Los pacientes con la COVID-19 y otras patologías no han podido contar con la compañía de sus familiares y tampoco, en el caso de aquellos que por desgracia no se han recuperado, han tenido el apoyo y la compañía que todas las personas deben tener en el momento de morir. Así, aunque los sanitarios han hecho todo lo que tenían en sus manos para hacerles sentir que no estaban solos, el apoyo de sus familiares y seres queridos era y es insustituible. 

Además, hay que añadir otra dimensión, que ha sido la del déficit de apoyo social y de los rituales de despedida, a causa de la situación de confinamiento y de emergencia sanitaria. Este sufrimiento, de las familias, sumado a las vivencias de agotamiento e incredulidad, hay que sumar la angustia del confinamiento, que ha afectado directamente a la dimensión social. 

Las familias no se han podido despedir a través de los rituales habituales. Y tampoco han podido recibir el apoyo físico de sus familiares y amigos. No es extraño, pues, así lo explica el Hospital Sant Joan de Déu de Lleida, que ha elaborado un documento para dar apoyo a las familias, a los niños y a todas las personas que, con su diversidad de circunstancias, están viviendo una situación de duelo. 

La vuelta a las aulas y la gestión del duelo 

La vuelta a las aulas será, para muchos alumnos, un momento de respiro. Será necesario, no obstante, acompañarlos en esta vuelta y colaborar, tanto con ellos como con sus familias, en la correcta gestión del duelo. Por todo esto, resumimos a continuación algunas de las recomendaciones que el Instituto IPIR (Duelo y Pérdidas) ha elaborado para orientar a profesionales, familias y personas que estén experimentando un duelo en tiempos de la COVID-19. 

  • Explicar cuál es (y ha sido) la situación. Nuestra tarea como docentes ha sido siempre muy importante y ahora, cuando seamos capaces de volver a las aulas, todavía lo será más. Más allá de las necesidades curriculares, ahora tendremos que hacer un esfuerzo para reconstruir todo lo que hemos perdido y, en el caso de esos alumnos que hayan perdido a un familiar cercano, será necesario acompañarlos con mucho más cuidado. A la hora de explicar lo ocurrido, no debemos maquillar la situación, sino utilizar todas aquellas estrategias que pueden ayudarnos a realizar una explicación objetiva de los hechos, así como conocer las circunstancias familiares de cada uno de los alumnos. Después de la COVID-19, no todos los niños y adolescentes regresarán con la misma mochila. La de muchos pesará todavía un poco más. 
  • Ofrecer espacios para la expresión emocional. Después de una pérdida, y más en tiempo de la COVID-19, es muy posible que los niños tengan la necesidad de expresar emociones como la rabia, la ira, la tristeza o la impotencia. Puede ser muy positivo para todos canalizar este dolor mediante un dibujo, escribiendo una carta, un cuento o simplemente conversando sobre aquello que el niño o la niña deseen. 
  • Acompañar, no incapacitar. Los niños son perfectamente capaces de comprender aquello que sucede a su alrededor. Es muy importante integrarnos en la realidad y para hacerlo tendremos que contar con el apoyo y la complicidad de las familias. Deben ser integrados, autorizados, cuidados y acompañados, para que ahora sean capaces de afrontar lo sucedido, pero para que también tengan las herramientas que necesitan para hacerlo en un futuro. 
  • Dedicar tiempo. Es posible que en muchos casos tengamos la sensación de que hemos perdido mucho tiempo. No pudimos finalizar el segundo trimestre ni iniciar el tercero. No obstante, durante todas estas semanas, los niños han hecho un gran aprendizaje de vida. Así, aunque tengamos prisa para avanzar materia, en esta nueva normalidad habrá niños que necesitarán tiempo. Tiempo para explicar, para expresar y para comprender. El aula puede convertirse en un espacio para recibir un fuerte abrazo, sentirse escuchado, querido y apoyado, a pesar de las adversidades.
  • Garantizar el afecto. La COVID-19 ha sido un golpe doloroso para muchas familias que, en muchos casos, pueden estar atravesando una situación difícil. Durante este periodo, hay que garantizar las atenciones necesarias del niño o adolescente hasta la recuperación de los padres o tutores y, si es necesario, buscar o recomendar la ayuda de un profesional. 
  • Observar. Las maneras de hacer el proceso necesario de duelo no son idénticas. Es posible que algunos niños no hayan reaccionado justo después de la pérdida, pero que, más adelante, manifiesten síntomas o inquietudes diversas. La recuperación de la crisis por la COVID-19 no será fácil para nadie, pero todavía menos para esos niños y jóvenes que hayan sufrido una pérdida. Será necesario, pues, observar y estar alerta durante todo este periodo de reincorporación y adaptación. 

Por todo esto, os recomendamos consultar la Guía para personas que sufren una pérdida en tiempos de coronavirus, con pautas muy útiles y claras, elaboradas por profesionales especialistas en duelo y pérdidas. 

Han cambiado las cosas en la calle. En la tele. En las escuelas. En las tiendas. En los restaurantes. Y también han cambiado en casa. De hecho, ahora todo gira alrededor de nuestra casa. Los centros educativos, que cerraron el pasado 13 de marzo en todas las comunidades autónomas, apenas tuvieron tiempo de hacerse a la idea. Y los alumnos y las alumnas se fueron a casa desconcertados. Como también lo hicieron docentes y familias. Y la población en general: sin saber si el curso comenzaría pronto de nuevo o si ya podía darse por terminado, si institutos escuelas no volvían a abrir sus puertas. 

Lo que primero empezó con un gran desconcierto, pronto se convirtió en una gran mezcolanza de opiniones y emociones. Las realidades de las familias no son todas iguales. Así, a pesar de que hay padres y madres que se esfuerzan para ofrecer a sus hijos todo el apoyo del que son capaces, hay otros que ni tan siquiera tienen esta opción, porque no disponen de herramientas o recursos o porque, en una situación tan atípica como esta, no se encuentran emocionalmente fuertes como para asumir la carga de tareas e información que desde los centros educativos se quiere transmitir a sus hijas e hijos. 

Es ahora, en esta situación que nos ha llevado al límite, cuando se hace más evidente la importancia de la escuela como espacio vertebrador del conocimiento, de las relaciones sociales, para la formación de los individuos en igualdad de oportunidades. Y, ¿qué hacen las familias? Hemos hablado con padres, madres y alumnos para hacer un retrato de la situación actual y averiguar cómo les afecta. 

La tecnología: un puente hacia el aprendizaje

Los niños y los jóvenes tienen ganas de volver a los centros. Los docentes también. Reconocen que las aulas no son solo un espacio para dar órdenes y mandar trabajo. Las aulas son espacios para el aprendizaje compartido y vivencial, imprescindibles para la socialización y la cooperación. En el aula, con sus alumnos, los docentes tienen la certeza de dar la mano a todos. A distancia, no. 

Para Abril, que tiene doce años y estrenó su primer año de instituto en este curso 2019/20, las cosas no fueron fáciles al principio. “Estos días han sido un poco complicados, porque ni los alumnos ni los profesores estábamos acostumbrados a vernos a través de una pantalla. Resulta bastante extraño”, reconoce. 

Ella ha seguido las clases sin dificultades. Y más allá de que ha tenido que comprar un ordenador, lo lleva muy bien. Reconoce, eso sí, que este no es el caso de algunos de sus compañeros. “Algunos no se han podido conectar porque no tienen internet o portátil”.

Las clases se imparten a diario, aunque algunas asignaturas, como Valores/Religión, las tutorías y evidentemente las partes de laboratorio o taller de Ciencias Naturales o Tecnología se han dejado de hacer. “Todos los días se imparten clases virtuales por videollamada, a través de Google Meet. Cada clase dura 45 minutos y normalmente participo en dos todos los días”.

Si bien los esfuerzos se han multiplicado, parece que la falta de experiencia está originando problemas. Hay herramientas que no funcionan, conexiones que fallan y baterías que se agotan. Los correos también tardan en responderse. Esto hace que tanto alumnos como docentes se tengan que cargar de buena voluntad y paciencia.

“Lo que más echo de menos del Instituto es el contacto con compañeros y profesores. También echo muchísimo de menos a mis amigos”, resume Abril. 


¿Y los padres y madres, cómo lo hacen?

Si hablamos de los más pequeños, de Primaria e Infantil, toca dar voz a los padres y madres. Joan es padre de dos: un bebé de meses y una niña de cinco años. “Yo soy ilustrador y trabajo en casa desde hace años. Estoy habituado al confinamiento”, bromea. Por las mañanas se dedica a los niños y su pareja, que teletrabaja, lo hace por la tarde.

“Es imposible seguir un horario fijo”, reconoce. “Las interrupciones son continuas, ya sea para acompañar a la mayor en las tareas que hemos preparado en casa y para seguir las que nos ofrecen en la escuela; o para jugar, cocinar, ir a la compra… y, claro, seguir mimando al pequeño”. 

“Todo esto hace que los días se alarguen hasta el infinito. Una vez los niños están en la cama, nosotros aprovechamos para seguir trabajando y si podemos, nos levantamos antes para adelantar trabajo. La conciliación, en este caso, pasa por un desgaste físico y emocional brutal”. 

Mónica es mamá de dos niñas. En este caso de una adolescente y de una niña de seis años. Durante los primeros días del confinamiento, trabajaba como técnica de prevención de riesgos laborales y al mismo tiempo, se encargaba de la gestión de la empresa familiar. Su pareja no ha dejado de trabajar, porque forma parte de uno de los sectores que no han parado. 

Al cabo de unas semanas su empresa hizo un ERTO, sí que ahora sigue como autónoma, con dos niñas a su cargo. Es un más difícil todavía. “Primero intenté establecer unos horarios y era un estrés añadido. Quería llevar el trabajo al día, las tareas de las niñas, el orden y la limpieza de la casa… Pronto desistí”. 

El papel de las familias: un factor clave

El papel de las familias siempre es vital, pero en las actuales circunstancias, un buen apoyo en casa puede suponer la diferencia entre perder un curso o salir reforzado de la situación. Joan lo cuenta muy bien. “Nosotros siempre ofrecíamos aprendizajes complementarios en casa. Ahora hemos intensificado nuestro esfuerzo y hemos intentado hacerlo desde el principio. En primer lugar aprovechando los cuadernos y el material que ya teníamos, pero luego, y viendo que el confinamiento se alargaba, adquirimos cuadernos como apoyo para el aprendizaje”. 

“Ahora, desde que la escuela nos ofrece actividades semanales, intentamos seguirlo todo. Hay días, sin embargo, en los que no estamos animados. Si nos sentimos cansados, una parte u otra, si nos sentimos tristes o poco motivados, lo dejamos para el día siguiente. Pero esto lo hemos aprendido al cabo de los días. Es mejor así si no queremos perder el Norte”, reconoce Joan. 

Mónica incide también en el factor emocional. “Ya lo hacemos siempre, pero durante estos días, como todo el mundo, hemos vivido momentos de inquietud, de incertidumbre o incluso de miedo. Los días son largos y gestionar las emociones es complicado. A pesar de todo, creo que las pequeñas están conduciendo esta situación mucho mejor que los adultos, con un grado de madurez que nunca habría podido imaginar”.

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El día 13 de marzo, casi todas las comunidades autónomas gestionaron el cierre de todos los centros educativos del país. El día siguiente, el Gobierno de España anunció el decreto de Estado de Alarma a causa de la crisis sanitaria por la COVID-19. Comenzaba un confinamiento largo y difícil que ha truncado el tercer trimestre del curso 2019/20. 

Durante siete semanas, las Consejerías de Educación ha emitido diferentes órdenes. Una de las últimas, poner en marcha el tercer trimestre en la modalidad online. De este modo, la mayoría de alumnos de infantil, primaria y secundaria se encuentran ahora mismo siguiendo el curso, pero desde casa. 

Los docentes son la otra parte indispensable de esta ecuación. Después del desconcierto de los primeros días, muchos ya se pusieron en marcha para ofrecer a sus alumnos mensajes de apoyo y contenidos para que, pese a las circunstancias, estos tuvieran la oportunidad de seguir con los aprendizajes.

Pero, ¿qué nos cuentan los docentes? ¿Cómo viven y de qué modo les afecta la situación actual? Y en un futuro, ¿cómo seremos capaces de reiniciar el curso 2020/21? 

Un confinamento precipitado 

Lo cierto es que el  confinamiento nos pilló a todos desprevenidos. “Nosotros supimos algo del cierre de la escuela por los medios de comunicación antes que por el Departamento. Con tanta precipitación, no pudimos prever nada: ni coger materiales, ni pensar más allá. Creímos que el confinamiento pasaría deprisa”, cuenta Marta, docente de la etapa de Infantil y Jefa de estudios de una escuela de Primaria. “Cerramos la escuela con la sensación de mandar al alumnado a casa sin ninguna explicación ni recomendación”.

Pronto se abrió una etapa nueva, con la necesidad compartida, por parte de docentes y familias, de ponerse en contacto: de hacerse llegar mensajes de ánimo y de gestionar, de la mejor manera posible, la transferencia de conocimiento. “La conexión online con el alumnado despertaba en todos nosotros inquietud, pero también oportunidades de aprendizaje”. 

Atender, escuchar y cuidar 

La escuela es un espacio insustituible para la socialización y el aprendizaje en igualdad de oportunidades. Los docentes pronto se dieron cuenta de que era necesario ponerse a trabajar, desde casa y en unas circunstancias complicadas, para atender a todos los alumnos, pero especialmente a todos aquellos que no tienen un entorno preparado o tienen dificultades para acceder a las nuevas tecnologías y, por tanto, de seguir los aprendizajes propuestos desde la escuela, a distancia.

“El inicio del tercer trimestre se daría en confinamiento, así que tuvimos la necesidad de hacer un diagnóstico de la conectividad y dispositivos de las familias. Vimos que la tarea no sería nada fácil, ya que muchas familias ni tan siquiera respondieron la encuesta y tuvimos que contactar telefónicamente, escuchar historias complejas y constatar que la diversidad de las familias y el alumnado (como intuíamos) era significativa. Uno de nuestros objetivos en estos momentos difíciles tenía que ser cubrir esta brecha”, explica Marta. 

En la escuela, y en esto coinciden muchos docentes, se han encontrado con dificultades para usar las nuevas tecnologías, a las que no estaban acostumbrados. “Las realidades familiares de cada docente también son muy diversas y es evidente que, aunque todos quieren estar a la altura, todos estamos adaptándonos a la situación. Si es que hay una adaptación posible, ante una situación tan desconocida como la que estamos atravesando”, concluye Marta. 

El caso de Núria no es tan distinto. Ella es docente en un centro de Educación Especial en el que atienden alumnos de las etapas de infantil, primaria y secundaria de una gran ciudad del área metropolitana. En este caso tenían claro que el primer contacto tenía que hacerse por teléfono, con la voluntad de atender de manera individualizada casuísticas muy diversas. 

“Primero hicimos un buen estudio inicial de las necesidades y capacidades que teníamos. A partir de ahí, cada docente y especialistas del centro han ido ofreciendo actividades semanalmente, retos o recursos de acompañamiento para las familias, según la demanda de cada una de ellas, acompañadas siempre de una llamada de teléfono semanal y de comunicación diaria vía -mail. Esto los que disponen de ordenadores o tabletas, ¡que no son todos! Por suerte ,todos tienen teléfono”. Núria cuenta que en algunos casos la comunicación se establece a diario. “Además, de manera global, todo el claustro ha ido creando recursos de apoyo emocional para todos los niños y niñas, tanto en formato visual como auditivo”. 

Familias: muchas realidades complejas

Hay tantas familias como realidades posibles. Marta tiene muy presente que “como escuela pública tenemos que trabajar para evitar una fractura social que deje atrás a alumnos con una situación socioeconómica desfavorecida”.

Las diferencias y dificultades de muchas familias se hacen todavía más patentes en el centro de Núria. A pesar de todo, cuenta, “la gran mayoría de familias están muy agradecidas, sobre todo por las llamadas. En cuanto a recursos, nos vamos adaptando según demanda. Intentamos que sea material de soporte y ayuda, para no angustiar a las familias. Son momentos complicados, con situaciones muy diversas en cada hogar. El apoyo emocional es muy importante, pero desde una perspectiva del apoyo positivo”. 

En el centro de Marta son muy conscientes de la gran implicación de padres y madres. “Los que han podido, han incorporado la tecnología como herramienta básica de aprendizaje. Somos conscientes del esfuerzo que supone para las familias el apoyo en las tareas educativas. La edad de los alumnos condiciona su grado de autonomía. Nuestros alumnos necesitan supervisión y apoyo en muchas actividades de aprendizaje”. 

A la inquietud actual sobre cómo finalizará este curso, hay que añadir la de cómo iniciaremos el siguiente. La incertidumbre probablemente sea una de las peores compañeras de esta crisis que nos afecta a todos los niveles y no només en la vertiente educativa. 

En el centro de Joan Manel, situado en la provincia de Tarragona, la respuesta de las familias ha sido muy diversa. Y explica, “hemos tenido un poco de todo. Des de familias que han devuelto todas las actividades propuestas, hasta familias que no han enviado nada, muy a pesar de haber contactado con ellas y no manifestar ningún problema aparente”. 

Él echa de menos especialmente el vínculo que establece con los alumnos. “Poder dar apoyo al momento a los alumnos”, señala. “El vínculo emocional con ellos. Asegurar que nadie se queda al margen de nada”, algo que ahora, en la distancia y con las dificultades tecnológicas y comunicativas de por medio, resulta sencillamente imposible. 

Secundària: puede continuar la vida normal? 

Parece evidente, desde hace días, que la vida ‘normal’ entendida como la entendíamos antes ya no regresará. No hasta que la pandemia esté completamente controlada. Un punto que no llegará hasta que no se pueda poner en marcha la denominada ‘vacunación masiva’. 

Lo que empezó como una situación caótica no se ha terminado de resolver. Mercè, profesora de lengua catalana y literatura en 1º y 2º de la ESO, lo explica así: “La última semana fue un poco complicada. Por un lado, ya corrían noticias de cómo se extendería la COVID-19, sobre el cierre de centros, que ya se había hecho efectivo en algunos países con pocos casos; se había celebrado un claustro extraordinario a la hora del recreo para explicar qué medidas se pondrían en marcha para evitar el contagio y todo hizo que, entre una cosa y la otra, hubiera nerviosismo, tanto entre los alumnos como entre los profesores. La falta de información tuvo ahí un papel determinante”. 

Y añade: “Hay que tener presente que el mismo día del cierre había salido en prensa la noticia de que a partir del lunes 16 se cerrarían los centros educativos. Al final, como ya sabemos, fue el mismo 12 de marzo cuando se anunció que al día siguiente se cerraban todos los centros. La decisión tomada a última hora de la mañana, poco antes de que terminaran las clases, no nos permitió organizar nada. No hubo tiempo para reuniones, para comunicarnos con los alumnos, ni con las familias. Personalmente tuve la sensación de falta de previsión”. 

Clases online y exámenes virtuales

A pesar de la situación y la incertidumbre, la actividad educativa se puso en marcha casi en seguida, en el Instituto de Mercè. “Con 2º de Bachillerato seguimos trabajando los contenidos establecidos de manera inmediata. El mismo lunes 16 de marzo me comuniqué con ellos para decirles que era necesario adaptarnos a la situación y que no podíamos esperar a recibir instrucciones. Por tanto, preparé material para trabajar online y lo colgué en Moodle. La primera semana empezamos ya con las clases online. Hemos avanzado materia y hasta hemos hecho un examen. En general, creo que lo estamos consiguiendo. La calidad del trabajo no es la misma, pero estoy bastante satisfecha”. 

Però Mercè y sus compañeros tenían claro que el apoyo académico que ofrecían a los alumnos en cuanto a contenido no podía funcionar sin apoyo emocional: “Antes de las vacaciones de Pascua acordamos hacer trabajo de tutoría. Por este motivo, organizamos una clase de tutoría online, los escuchamos y recogimos sus inquietudes para programar un acompañamiento más personalizado y sistematizado. Desde ese momento, todas las semanas empezamos con una sesión de tutoría online, donde revisamos las tareas, damos pautas para la organización, escuchamos inquietudes y dudas e intentamos resolverlas. Ahora también hacemos sesiones de tutoría individual con alumnado  familias”. 

La problemática de los alumnos con dificultades también se ha tenido que resolver en secundaria: “Estamos haciendo un seguimiento de los alumnos y detectando a todos aquellos que no tienen medios, ya sea ordenador o acceso a internet; el centro, en coordinación con el Departamento de Educación, se está encargando de proporcionarles las herramientas, dicen que esta semana las tendrán. A algunos les hemos hecho llegar las actividades en papel, pero son una minoría. La mayor parte de este alumnado tiene otras carencias a nivel social, familiar, que hacen que la intervención con ellos sea muy compleja y complicada”. 

Colaboración y apoyo entre docentes

En el caso de Mercè, que es profesora de Secundaria, el sistema de coordinación se hace por departamentos y a nivel de tutoría, con los tutores. Esto les ha permitido compartir actividades, elaborar nuevos criterios de evaluación y una rúbrica de evaluación. Durante estos días han compartido herramientas, pero también inquietudes. A nivel de equipo docente también se preparan actividades, se comparten aprendizajes y materiales.

Las plataformas que usan para comunicarse son las mismas que los maestros de Primaria: correo electrónico, Drive para los materiales y Meet o ZOOM, para las reuniones online. 

Sin embargo y en resumen, todos los docentes comparten la opinión de que este sistema ideado de manera improvisada funciona con dificultad. “La tarea docente va mucho más allá de explicar, pedir tareas y corregir. Hacer toda la tarea de acompañamiento es muy complicado en las condiciones que tenemos. Las situaciones individuales de cada alumno son más diversas que nunca y no podemos garantizar que todos realicen los mismos aprendizajes”, señala Mercè. 

Por otro lado, recuerda que no todos los docentes están en la misma situación. Ellos también están confinados con sus familias y algunos tienen hijos pequeños, que requieren atención. “Tenemos, además, la inquietud profesional de no poder alcanzar los objetivos con todo el alumnado, por no hablar de las dificultades derivadas del uso de las nuevas tecnologías. No es una situación fácil para nadie. Tampoco para nosotros”. 

Docencia, futuro y retos

El mayor reto para los docentes llegó el pasado mes de marzo, en forma de crisis sanitaria. Poco podíamos imaginar que el curso escolar 2019/20 sería tan y tan complicado. Mercè está llena de dudas (¿y quién no?), pero concluye esta entrevista con una idea clara: “La educación es la base de la sociedad y la acción educativa no se puede atender únicamente desde la escuela. Hay que trabajar en complicidad con las familias y los gobiernos tienen que apostar de manera definitiva y clara por un educación pública de calidad, y esto significa dedicar recursos, a la educación formal, a la no formal, pero también tener unas políticas sociales que permitan la conciliación familiar y laboral”. 

Habrá que aprender a valorar, por otro lado, la tarea que hacen las familias desde casa, reconocer las bondades del teletrabajo… “A valorar las cosas del día a día y finalmente, a reflexionar sobre la necesidad de tener unos recursos públicos de calidad al alcance de todos”. 

** Gracias a la colaboración de todos los docentes que han dado su punto de vista para la elaboración de este artículo con sus valiosísimas opiniones y experiencias **