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Colaboración con @mundotuytea

Pocas figuras hay más trascendentales que la de un docente en la vida de una persona. Vitales durante nuestra infancia, ya que marcan nuestro futuro y determinan nuestro aprendizaje. Fundamentales en la edad adulta, cuando como madres o padres comprobamos que la historia se repite con nuestros hijos, y los docentes de nuevo, serán quienes en gran medida formen en conocimientos y valores a esos seres a medio hacer a los que tanto amamos. 

Hasta aquí todos de acuerdo seguramente. Los “profes” marcan, para bien o para mal, que de todo hay, pero marcan, y afortunadamente ésta es una realidad irrebatible. En este punto de consenso, me gustaría ir un poco más allá y ampliar el campo de visión de la sociedad. Padres, madres, docentes, gobernantes, me gustaría haceros una pregunta e invitaros a la reflexión: ¿Cuánto creéis que puede llegar a marcar un buen docente o una buena política educativa la vida de la familia de un niño con TEA? 

Y me presento. Mi nombre es Juncal Roldán, soy madre de un niño con TEA no verbal. Hasta hace 6 años, poco o nada sabía del autismo, de inclusión educativa, de la labor docente actual, de la LOE, La LOMLOE o del funcionamiento de las administraciones educativas, más allá de la experiencia personal archivada ya en la memoria casi en blanco y negro. Pero, el precioso Alex nació, y con 15 meses empezamos a ver que su desarrollo no era como el del resto de niños de su edad. 

A partir de ese momento nada fue como esperábamos, nada ha sido como cualquier padre cree que va a ser esto de la paternidad, de la educación, de la vida. El guión genérico que la sociedad nos había enseñado para desarrollarnos como padres no nos servía. Curiosamente pronto nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que debíamos adaptarnos a lo inesperado. Casi nada, casi nadie estaba preparado para Alex, y eso que él, era simplemente un niño más.

El primer problema fue el diagnóstico, la falta de formación y protocolos entre los pediatras para detectar el TEA o dificultades del neurodesarrollo en atención primaria: ¡Ya hablará!, nos decían. ¡No tienen obligación de hablar hasta los dos años! repetían. Pero los padres sabemos cuándo hay algo que no va bien y seguimos buscando respuestas ante tanta incertidumbre. Tampoco en la guardería detectaron nada extraño: ¡Está estupendo, sólo que va a lo suyo! comentaban…

Tras insistir, una pediatra le derivó a atención temprana y a partir de ahí comenzaron las etiquetas, las terapias y la formación en TEA incluso llegó al personal de su CAI. ¡Imposible olvidar aquellos dos años!... Ciertamente marca, muchísimo, tener un equipo como el de esa pequeña “guarde” de pueblo con su “seño Ruth” a la cabeza. 

  En unos meses el mundo de Alex, nuestro mundo, se transformó y empezó a cobrar sentido: Pictos, agendas, rutinas, lengua de signos…sus terapeutas y sus profes, no intentaron únicamente que Alex se adaptara al resto, hicieron que el resto, entendiese  la manera de percibir el mundo de Alex. Y fue mágico para todos. Los niños rápidamente aprendieron los signos con los que mi hijo se comunicaba, hicieron piña y tribu de la manera más natural… Si, aquello fué inclusión con mayúsculas. 

Pero esa palabra, inclusión, mostró su verdadero significado después. ¡La de pistas que nos dan las palabras sobre la realidad, sobre quienes somos, de dónde venimos y en qué punto estamos!.

  Alex comenzaba su etapa escolar y con tres años Ruth no podía seguir siendo su seño. La hubiera raptado, de verdad, pero mis profes me enseñaron valores contrarios de niña afortunadamente, y simplemente cambiamos de centro como correspondía. Buscamos el más “inclusivo”, o eso nos dijeron, y ahí empezó el baño de realidad y la palabra “inclusión” cobró todo su sentido histórico.

Si, porque la “inclusión” el mayor de los valores que ahora persigue nuestro sistema educativo, parte de la mayor de las perversiones: “la exclusión”. No es tan difícil darse cuenta. Sólo se incluye aquello que previamente hemos dejado fuera, y hasta ayer, los niños con TEA estaban fuera, como si viniesen de Marte, si… ¿Se puede ser más cruel como sociedad?, porque la exclusión del niño con TEA, con Down, con cualquier dificultad del aprendizaje, ha supuesto no sólo que no hayan podido participar de la vida educativa, social o cultural cómo y con el resto de sus iguales durante siglos, sino que se les ha privado del respeto del resto de sus iguales, que tampoco han tenido la oportunidad de conocer y experimentar cómo es el ser humano en su diversidad. El resultado ya lo sabemos; acoso, marginación, incomprensión…sufrimiento.

Podría contar mil anécdotas y momentos de dolor a los que como madre de un niño con TEA me he tenido que enfrentar por un sistema educativo que aún no está a la altura: luchar por que tuviese una agenda de comunicación, por implantar pictogramas con los que pudiese comunicarse en el aula como lo hacía en el exterior, por conseguir un tutor con algo de formación en TEA, por más tiempo con PT o AL, por equipos TEA en el colegio, por conocer las actividades o trabajos que realizaba en clase para reforzar en casa, visitas continuadas a inspección educativa para que le permitiesen quedarse en el aula matinal como cualquier alumno o en el comedor del cole. Si, un niño con TEA en un colegio público sin derecho a los mismos servicios que el resto. Tan asombroso como real. De educación, formación al profesorado, estructuración de espacios, puntos y elementos para regulación sensorial, adaptaciones de material, de programas de sensibilización, patios dinámicos, ni hablamos hoy, y eso que afortunadamente nos vamos encontrando a profesionales y padres sensibles que comienzan a entender que hay un cambio y que debemos evolucionar.

El sistema trata de adaptarse, pero falla estrepitosamente, y quizá esto no sea más que el resultado de que, como reflexionaba antes, todos hayamos sido privados desde nuestra niñez del conocimiento y el contacto con la diversidad o dicho de manera más cruda pero real: de que todos hayamos sido educados en la exclusión.  Aún así, no olvidemos que el sistema somos todos. Desde el ministro hasta el consejero, pasando por el inspector, el ATE o la seño Ruth.

Hay profes, docentes y personas que marcan, marcan la diferencia; la seño Ruth , la ATE Mariola, las logos Jenny o Patri, el equipo directivo de mi cole y la nueva orientadora, Maite, los papás del AMPA…

Los recursos, los medios, las políticas son muy importantes, pero finalmente el docente tiene en su aula un valioso micromundo y el poder de decidir qué tipo de profe es, que mundo quiere construir para cada uno de sus alumnos y alumnas, tengan o no TEA, y qué marca desea dejar.

El Profe Mochilero: 168 millones de razones para reabrir la educación

El 1 de abril se “celebra” el día mundial de la educación. Digo celebrar entre comillas porque el último informe que presentó UNICEF referente al seguimiento de la actividad educativa a nivel global durante la pandemia no invita a ser muy optimista. El análisis va desde el 11 de marzo de 2020 hasta el 2 de febrero de 2021 y plantea la necesidad de abordar, de manera prioritaria y responsable, la reapertura de las escuelas por parte de los gobiernos.

Se cumple un año del inicio de la pandemia del COVID-19 y a día de hoy es evidente que ha causado un auténtico terremoto en nuestras vidas. El impacto del coronavirus provocó el confinamiento forzoso de los centros educativos dejando unas cifras escalofriantes en cuanto a desconexión educativa, pero vamos por partes. Al principio parecía que solo iban a ser 2 semanas, después 2 meses, hasta que se fue prolongando y un año después las escuelas de 168 millones de niños y niñas de todo el mundo siguen cerradas, la mayoría de ellas se encuentran en América Latina y el Caribe. A nivel mundial, al menos 214 millones de estudiantes (de todas las etapas educativas) han perdido más de tres cuartas partes de su educación presencial. Por otro lado, las cifras también revelan que a día de hoy, el 53% de los centros educativos del mundo han vuelto a la presencialidad total y casi una cuarta parte han abierto parcialmente. Sin embargo, las puertas no se han vuelto a abrir en 27 países en los que viven 196 millones de niños, niñas y jóvenes, el 13% a nivel global.*

Recreación presentada en la sede de Naciones Unidas de Nueva York el pasado 3 de marzo de una clase con 168 pupitres vacíos simbolizando los millones de niños y niñas que llevan un año sin ir a la escuela.

La desigualdad se ha acentuado en el derecho al acceso a la educación

Como ya nos ha demostrado esta pandemia, los efectos de las medidas restrictivas no afectan a la población por igual. Las cifras, una vez más, reflejan la situación de emergencia que sufren los sectores más vulnerables y que en un día como hoy no deberíamos mirar hacia otro lado y “celebrar” (permitidme una vez más el uso de las comillas) el día mundial de la educación sin hacer un pequeño ejercicio reflexivo: ¿Está realmente garantizado el derecho a participar de una educación primaria, gratuita, obligatoria y universal? Recordamos que así se recoge en la Declaración Universal de Los Derechos Humanos de la UNESCO. Ciertamente, cada país aplica sus restricciones igual que cada país goza o sufre las consecuencias de la globalización y el repartimiento desigual de la riqueza mundial, pero ¿En qué medida se está vulnerando el derecho a la educación en ciertos países?

“Conforme se acerca el primer aniversario del comienzo de la pandemia de COVID-19, la realidad vuelve a recordarnos la catastrófica emergencia educativa que se originó como consecuencia de los confinamientos mundiales. Cada día que pasa, los niños que no pueden acceder a la educación presencial se van quedando cada vez más rezagados, y los más marginados sufren las peores consecuencias”, declaraba Henrietta Fore, directora Ejecutiva de UNICEF durante la presentación del informe. “No podemos permitir que, por segundo año consecutivo, estos niños sigan sin poder asistir a la escuela de forma presencial o que la presencialidad siga siendo limitada. No debemos escatimar esfuerzos para mantener las escuelas abiertas o darles prioridad en los planes de apertura”.

El aprendizaje a distancia puede complementar la educación básica, pero nunca sustituirla

La educación no presencial ha llegado para quedarse, afirman muchos expertos. La pregunta es: ¿Se pueden cubrir las necesidades recogidas en la educación básica de manera no presencial? Es importante tener claro qué paradigma educativo nos sirve de referencia para poder contestar esta cuestión. Para empezar, la escuela debe ser concebida como un espacio comunitario que ofrece elementos fundamentales para el desarrollo en la infancia y no como una academia. Entre estos elementos están la socialización entre iguales, la oferta de apoyos personalizados, el contacto con la diversidad, la atención emocional o el acceso a comidas nutritivas, entre muchos otros. A día de hoy, me resulta muy difícil encontrar una manera alternativa de cubrir todos estos elementos restringiendo la presencialidad de la escuela. Además, podríamos poner de manifiesto la importancia del juego interactivo físico y las experiencias en el entorno natural para el buen desarrollo en la infancia, así como los múltiples estudios que demuestran los efectos adictivos y de dispersión que provoca el uso excesivo de pantallas en edades prematuras (y no tan prematuras).

"Para al menos 463 millones de niños y niñas cuyas escuelas cerraron por la Covid-19,
no existió la educación remota" (UNICEF).

Quizás muchas empresas vean una oportunidad de mercado en promover la formación a distancia y muchas marcas intentan venderlo como la “última tendencia innovadora” en el aprendizaje, sin tener en cuenta la edad de desarrollo. En este oportunismo incluso se puede detectar un retroceso en la atención real de las necesidades básicas de la infancia y una privatización de la educación que puede generar una brecha digital donde los sectores más vulnerables corren el riesgo de quedar apartados. Quizás en este último año, la educación universal haya sido menos universal, menos primaria, menos obligatoria y menos gratuita, así que podríamos convertir la “celebración” en una reivindicación. Quizás sea el momento de defender más que nunca este derecho fundamental en la infancia como es el acceso a la educación. Quizás se abre un periodo para proteger, aún más, a toda una nueva generación afectada y para exigir a los gobiernos unos planes de apertura segura de los centros educativos para dejar de vulnerar el derecho a la educación, aumentar la brecha social y favorecer la privatización del modelo educativo.

Defender un modelo educativo presencial, seguro y equitativo de protección a la infancia con la escuela y para la escuela

Según los últimos datos publicados por la UNESCO, más de 888 millones de niños y niñas de todo el mundo siguen sufriendo interrupciones en su educación debido al cierre total o parcial de las escuelas. En muchos países, la infancia más vulnerable que no tiene acceso a una educación a distancia corre el riesgo de desconectar de su vida escolar y de no regresar más a la escuela. Eso puede asociar problemas más graves derivados al cierre de las escuelas como el trabajo infantil o el matrimonio infantil. 

Analizar esta situación y trabajarla desde las aulas con los alumnos, ajustando el discurso a cada nivel y contexto, es el mejor remedio para proteger y promover una educación presencial mundial que proteja a la infancia. Introducir y fomentar entre el alumnado el aprendizaje de las desigualdades que existen entre las oportunidades educativas que hay en el mundo puede ser un incentivo para valorar la escuela como eje natural de protección y aprendizaje común. Fortalecer la conexión entre el hogar y el centro educativo para educar en comunidad, compartiendo proyecto y asumiendo el rol que les corresponda, porque como dicen: “La escuela es mi segundo hogar, pero el hogar es mi primera escuela” y por lo tanto, la educación nace en casa. ¿Pero, qué sucede cuando no hay un primer hogar de referencia?

El día mundial de la educación puede servir como motivo para reflexionar sobre las condiciones y desigualdades globales que se han generado en el acceso educativo a partir de la pandemia. Trabajar esta reflexión entre el colectivo docente, el alumnado y la comunidad educativa en general es un deber ético para proteger y prosperar un sistema educativo presencial, primario, equitativo, público y universal. Un sistema que proteja y oriente a todas las generaciones de cualquier virus, pero sobretodo, de la estupidez y la ignorancia humana.

*NOTA PARA EL LECTOR: Todas las cifras expuestas en este artículo están basadas en el último informe Análisis del cierre de las escuelas de UNICEF publicado el pasado 3 de marzo de 2021. Los datos son de consulta pública

Esta actividad puede ser muy útil para comprender y hablar sobre la gestión emocional de nuestros y nuestras alumnas. Cada mañana cuando lleguen a clase pueden señalar cómo se sienten sobre la lámina plastificada que os traemos.

Nosotros proponemos estas emociones, pero podéis utilizar las tarjetas con las palabras que necesitéis según el contenido que estéis trabajando en clase.

Recomendamos plastificar este recurso para que dure mucho más. También será más fácil de limpiar y cumplir con las medidas sanitarias en caso de que los y las alumnas toquen el material.

En esta imagen podéis ver todas las emociones que hemos puesto sobre la mesa:

¡NUEVO FORMATO! 

¡Hoy estrenamos una nueva sección en el blog! A partir de ahora encontraréis cada martes colaboraciones con profesionales del sector educativo. Nos aportarán conocimiento y recursos mediante artículos acompañados de un video IGTV que colgaremos los miércoles en nuestro Instagram. 

Empezamos esta propuesta con Roser, de Art&Shock. ¡Adelante! 


Los cuentos juegan un papel protagonista en la etapa infantil y son un recurso indispensable en cualquier clase. Y es que, ¿a quién no le gustan los cuentos? 

Sus historias nos despiertan la imaginación, exploran otras culturas y nos enseñan cosas sobre el mundo.

Pero lejos de quedarnos con el concepto de explicar un cuento, en el que el maestro/a lee y los niños y niñas escuchan, queremos crear una experiencia más participativa y aprovechar todas las oportunidades de aprendizaje que el cuento nos ofrece.

Por eso, hoy os traigo 5 actividades para fomentar la participación en el aula mediante cuentos

1. El juego de las solapas  

Escogemos un cuento y tapamos una parte de los dibujos con un papel o “post-it” como si fuera un cuento de solapas (si tenemos alumnos/as lectoras, tapamos también las palabras). 

Podemos utilizar un cuento nuevo o conocido según el nivel de dificultad que busquemos. Vamos explicando el cuento hasta que lleguemos a una de estas solapas y les planteamos preguntas:

"¿Quién/Qué creéis que hay aquí debajo? ¿Y cómo lo sabemos? ¿Qué pensáis que pasará?” 

Y así seguimos con el cuento fomentando la participación y la formulación de hipótesis. 

2. ¡Hagamos memoria!

Buscamos un cuento con detalles: quizás con personajes que lleven ropa muy concreta, donde salga una casa muy especial… ¡o incluso un animal extraño! Debe ser un cuento que ya conozcan. 

Les explicamos a los niños y niñas que hemos perdido el cuento, ¡no lo encontramos y queremos recordar cómo era! 

Les pedimos que dibujen: 

a) El personaje principal
b) El principio o el final de la historia
c) Dónde se sitúa el cuento

Podemos plantear esta actividad de diferentes maneras:  

  • Por grupos, donde los niños y niñas colaboren para recordar detalles y hagan un dibujo de manera conjunta. 
  • Individualmente, donde cada alumno/a tendrá su papel y hará su dibujo. 

Dependiendo de la autonomía de los grupos, se los puede guiar en la medida que se crea oportuna, dando más o menos pautas.

Al acabar, lo pondremos en común con el resto de compañeros/as y veremos las diferencias en los detalles que hemos recordado. También podemos “encontrar” el cuento ¡y ver lo bien que lo han hecho!

3. ¡Qué lío!

Con este juego, los niños y niñas intentarán rehacer la secuencia de un cuento que les resulte familiar. Para realizarlo, es mejor escoger un cuento con una secuencia clara y lógica.  

Primero preparamos imágenes que representen momentos claves del cuento (pueden ser directamente fotocopias del libro). Después las presentamos a los y las alumnas, diciéndoles que el libro está hecho un lío y ¡necesitamos ayuda para ponerlo en orden!

Vamos pegando las imágenes en la pizarra o en un corcho y animamos a los niños y niñas a hablar y participar aportando ideas y posibilidades. Una vez tengamos el cuento en orden de nuevo, les pedimos que nos lo expliquen, por turnos. 

4. El cuento mudo

Buscamos un cuento que no conozcan, ¡con ilustraciones bien grandes para hacer volar su imaginación! 

Les decimos que el cuento se ha quedado mudo, no tiene palabras, o que está escrito en un idioma que no conocemos… ¡y por eso entre todos y todas tenemos que adivinar de qué habla el cuento! 

Descubrimos cada página, formulamos preguntas e hipótesis, dejamos que ellos y ellas hagan y compartan sus teorías. 

5. ¡El cuento cobra vida!

Esta es una actividad de juego teatral que funciona muy bien en la etapa infantil. 

Escogéis un cuento, que vuestros alumnos/as ya conozcan, con 3 o 4 personajes o colectivos. Los cuentos clásicos son muy buena opción para esta actividad. 

Preparáis rincones en clase con un distintivo para cada personaje. Puede ser un distintivo que los niños y niñas lleven en la cabeza, en la camiseta o simplemente un gomet en la mano. Por ejemplo: El rincón del Padre Oso, el rincón del Bebé Oso y el rincón de la Ricitos de Oro. 

Les explicamos que hoy el cuento cobra vida y que ellos y ellas son los protagonistas (puede haber más de una persona haciendo de cada personaje y más de dos, ¡incluso más de tres!) 

Repartimos los actores y actrices en los diferentes rincones según el personaje que representen. Cuando los personajes están en su rincón, ¡deben estar quietos y atentos/as!

Comenzamos a narrar el cuento, poniendo mucho énfasis en las acciones. 

“Había una vez, una niña que estaba durmiendo. Cuando cantó el gallo, se despertó, desayunó y se peinó sus maravillosos ricitos.”

A medida que vamos explicando, los personajes salen de su rincón y van reproduciendo las acciones. ¡Ya veréis como se lo pasan genial! 

Hoy damos paso a una colaboración que nos hace mucha ilusión. Anna Mas de  Creaduca nos ha preparado este artículo sobre cómo aprovechar el momento actual para poner la vida en el centro y la importancia de la gestión emocional en las aulas y en nuestras vidas personales. ¡Adelante!


Siempre he pensado que un buen punto de partida para educar y afrontar el día a día con un grupo de personas pueden ser nuestras propias carencias. Todas las tenemos, y con los años las vamos descubriendo, como si se tratara de un juego de pistas, cuáles son y qué herramientas tenemos a nuestro alcance para poder solucionar estas carencias y convertirlas en habilidades. Por mucho que nos engañemos, como adultos, la mayoría, son emocionales.

Cada día que pasa, todos los factores nos reafirman la importancia de la gestión emocional en la escuela. Para entender la importancia de la gestión emocional en las aulas nos hace falta ser conscientes cómo de importante es la escuela y, sobre todo, la gran necesidad que tenemos de convertir este espacio en un lugar de aprendizaje con la vida en el centro y no solo un espacio de conceptos académicos. Si yo aprendo a vivir de manera saludable física y emocionalmente, así como a relacionarme, resolver conflicots, pedir ayudar, etc. Mi aprendizaje será mucho más fluido. Parece que lo tenemos muy claro en un lugar de trabajo para adultos, ya que no nos gusta trabajar en un espacio que no nos haga felices o no se nos respete. Sin embargo, no lo tenemos tan claro en un espacio tan mágico como la escuela, donde los niños y niñas pasan muchas horas de su día.  

Este 2020 ha sido como si una piedra se colocase en el engranaje que hace girar todo el sistema y, de repente, se parase el mundo. No nos engañemos, también ha parado el sentido común, las almas, los latidos del corazón, el tacto,… Es más que evidente que tenemos muchas maneras de ver qué ha pasado y las opciones negativas solo nos traen consigo desánimo colectivo, frustración y una incertidumbre que poco está en nuestras manos resolver. Solo nos queda la actitud. 

En una calle sin salida lo mejor que podemos hacer es ver todo lo que está situación nos aporta y, para mi, uno de los grandes regalos es que tenemos la oportunidad de poner la vida en el centro en todos los espacios socioeducativos. 

Por fin se habla de emociones, de gestión individual y colectiva, de vínculos y de acompañamiento. Nos lo creamos o no, se habla. ¡Hagamoslo realidad! Nosotras a lo nuestro, a todo aquello que sabemos que es realmente importante para las personas con las que compartimos la vida y aprendizajes. 


Me gusta hablar de la gestión emocional como aquel acompañamiento, una ayuda asistencial y constante del niño o niña, que hacemos día a día con las personas que trabajamos, conjuntamente con un buen vocabulario emocional y una conciencia emocional saludable. Estas son las claves básicas para hacer una buena gestión de una misma y de todo aquello que nos rodea. 

Uno de los grandes mitos de la gestión emocional es que implica tiempo y, evidentemente no os diré que no, porque todos los aprendizajes implican tiempo, constancia y ganas, pero la clave está en priorizarlo. En otras palabras, quizás no tengo tiempo como docente para dedicar 1h seguida a la semana en la educación emocional de mi grupo, pero si que tengo 5 minutos para parar la actividad academica en medio de un conflicto y debatir en grupo cómo nos sentimos y cuál sería la mejor manera de resolver el conflicto de manera individual y colectiva. La educación emocional se trabaja de manera transversal. 

Si tenemos un espacio exclusivamente para trabajar este aspecto, ¡es genial! Sin embargo, si no lo tenemos, no nos puede servir de excusa para no abordar el tema. Es necesario que empecemos a interiorizarlo y sea una dinámica y una rutina diaria. 

La educación emocional es una inversión de futuro real. Un paso a paso en el camino, un conflicto bien resuelto, una emoción bien canalizada, un abrazo en un sitio y un momento indicado, una mirada de complicidad, un todo en general. Porque las emociones son vida y de estos debemos llenar la escuela, ¡de vida! 

De la misma manera que nosotras como adultas a veces no tenemos herramientas para gestionar nuestras propias vidas, o para acompañar a nuestro grupo en alguna cuestión concreta, esto nos implica que cogemos un libro, nos adentramos en las redes sociales o compartimos con alguna compañera cómo lo haría ella. De esta manera podemos ver que las familias estan, mayoritariamente, en la misma situación. Y por ello esta también es una oportunidad preciosa de generar escuela desde la misma escuela. Incluso es el momento de dejar el adultismo y el paternalismo de lado y permitirnos aprender de los y las niñas. Siempre es más enriquecedor un aprendizaje colaborativo que uno individual, ¿no? 

Podemos hacer cambios en nuestras rutinas diarias que sean totalmente significativos. Quizás alguna propuesta os parece del todo natural dentro de vuestro día a día, pero me parece esencial recordar que aquello que nosotras hacemos de manera cuotidiana, con facilidad y naturalidad no siempre es lo que hace la mayoría. 

En las aulas les enseñamos vocabulario emocional, pero nosotros somos el mejor referente para expresar si estamos tristes, cansados, enfadados, nerviososo…

Dediquemos cada día 5 minutos para preguntarles cómo estan, pero un cómo estan de verdad, permitiendo un espacio de conversa, respetando los ritmos y, sobre todo, con el derecho a decidir si quieren intervenir o no. Podemos empezar cada mañana con nosotras mismas: 

  • Hoy estoy cansada porque no he podido dormir. 
  • Hoy estoy contenta porque ayer vi a una amiga que hacia mucho tiempo que no veía y me sentí muy feliz. 

Podemos generar espacios donde todo el mundo pueda expresar su estado de ánimo. Las habilidades sociales se nutren a diferentes ritmos y son muy subjetivas. Podemos crear un panel de conciencia emocional donde cada día los y las alumnas expresen con imágenes su estado de ánimo. Es importante decidir una temporalización fija para valorar con el grupo e individualmente cómo nos hemos sentido durante el tiempo establecido. 

No clasifiquemos las emociones en buenas o malas. Las emociones nos ayuda a ser. Todas, absolutamente todas, nos aporta un aprendizaje. Acompañemonos en el dolor así como en la alegría. 

Priorizemos el bienestar emocional del grupo. Lo podemos hacer resolviendo los conflictos de manera colectiva o exponiendo cada día una situación en la cual ellos y ellas se puedan encontrar y la puedan resolver en grupo.

También podemos crear espacios de reflexión. Espacios donde sean bienvenicods todos los problemas y las angustias. Marquemos linías rojas de manera colectiva.

¿Qué cosas son las que no queremos vivir como grupo ni tampoco de manera individual? ¿Cómo lo podemos evitar? ¿Quién nos acompañará y nos dará apoyo si esto pasa?  Cuando las normas de convivencia estan basadas en lo que sentimos, además de en lo que hacemos y las deciden ellos y ellas, dejan de ser imposiciones. 

Por último, pase lo que pase, no dudemos que este es el camino. Reservemos las dudas para mejorar día a día, para la crítica constructiva, pero nunca para pensar que hemos escogido el camino incorrecto. El camino de la educación emocional solo puede estar lleno de amor, respeto, empatía y comunicación, y esta es la manera valiente que hemos escogido para caminar. 

Cuando el estrés y la angustia llaman a la puerta, quizá ya sea un poco tarde. Pero ya sabes que nunca es demasiado tarde para revertir una situación que no nos gusta. El estrés y la angustia son dos mecanismos que se ponen en marcha cuando nuestro cuerpo y nuestra mente llevan demasiado tiempo mojándose bajo una tormenta de tareas y estímulos negativos. 

Ya sabemos que no hay una fórmula mágica para desactivar estas situaciones desagradables. Pero tenemos algunos trucos que creemos que pueden ayudarte a desconectar antes de que se produzca una crisis y te hundas en el descontrol. 

1. Establece unos buenos horarios

En algunos trabajos es más sencillo. Cierras la puerta de la oficina, te vas y ya no tienes que pensar en ello hasta el día siguiente. Hay, sin embargo, otros trabajos que se meten en tu mochila sin pedir permiso. También hay muchos tipos de personas y a algunas nos cuesta más dejar el trabajo a un lado, aunque no sea el momento de trabajar. 

Es muy y muy recomendable establecer unos buenos horarios. Te lo decimos en serio. También es importante dejar de procrastinar: trabaja cuando tienes que trabajar y deja el móvil. Perder el tiempo genera el estrés de saber que no estás haciendo lo que toca y que, un día más, terminarás sin haber hecho todo lo que tenías que hacer. 

2. Sal a caminar

No hace falta que hagas un deporte súper intenso, pero sí que te muevas un poco. Solo tienes que salir a caminar, si es en un entorno tranquilo, mejor que mejor. Que cada paso sea consciente, mirando hacia ti y hacia los paisajes que te gustan, si los tienes cerca. 

3. Practica la contemplación en la naturaleza

¿Tienes un trocito de naturaleza al lado de casa o del trabajo? Si es así, aprovéchalo. Un paseo de 20 minutos es suficiente para reducir el estrés, combatir la ansiedad y proteger tu salud, incluyendo la de tu vista, que a menudo pasa horas y más horas frente a la pantalla. 

4. Tómate un té (o lo que sea que te relaje)

Elige tu infusión favorita y el momento del día en el que quieres tomarla. También puede ser un café, ¡no te preocupes! El escenario es importante. Cuando hace buen tiempo, puede ser el balcón o la terraza. En invierno, puede ser en tu butaca, al calor de una bonita melodía. 

5. Ordena tus espacios 

El orden de tu casa es un poco (o del todo) un reflejo de lo que hay en tu cabeza. No te ayudará en absoluto llegar a tu casa y encontrarte con una sala de estar que parece una leonera. Practica el orden y toma conciencia del gesto de limpiar y ordenar. Haz que sea tu refugio de verdad. 

6. Enciende una vela (o unas cuantas)

Encender una vela es un gesto purificador. Si las velas son naturales y te ofrecen aromas agradables y relajantes, todavía será mejor. Son ideales la lavanda, las rosas, las flores de naranjo o el geranio, pero te recomendamos elegir la fragancia que te ofrezca una mayor sensación de bienestar. 

7. Haz una llamada o socializa

Puede que no tengas cerca a tu mejor amigo o persona más querida, pero puedes llamar por teléfono. Deja todo lo que estás haciendo. Queda para tomar un café. La socialización es aquello que nos hace ser. Habla, explícate, escucha y relativiza. Funciona. 

8. Detén las pantallas 

No eres la excepción que confirma la regla. Tú también lo has intentado y has tomado conciencia de que estás demasiado enganchado al móvil, pero terminas haciendo lo que hace todo el mundo. Márcate una hora límite para la desconexión: es tan fácil como dejar el teléfono en casa o encerrarlo en un cajón. 

9. Escucha tu canción 

Tus canciones, tus libros, tus poemas… esos estímulos culturales que te hacen sentir bien, también te hacen sentir más TÚ. Toma conciencia y orgullo de ser quién eres a través de la música. Volverás a tu casa de verdad. 

10. Practica el afecto físico 

Somos primates humanos que nos necesitamos. Los abrazos, las caricias y los besos son fundamentales. Acostúmbrate al afecto físico, porque te salvará. Del estrés, de la angustia. Y de todo.

Después de la COVID-19 ya nada será igual. La nueva normalidad a la que nos empuja a toda prisa la economía ha vuelto a descentrar unos objetivos que dábamos por buenos nada más empezar la pandemia. Entonces sentíamos, seguramente, la necesidad de encontrar sentido a una situación que hoy todavía no podemos ver con perspectiva, pues, la COVID-19 sigue entre nosotros, como una amenaza latente. 

Los niños tuvieron que dejar la escuela rápido y sin contemplaciones, de un día para otro, sin saber muy bien cuál era el alcance de la situación. A los adultos nos ocurrió algo muy parecido. A lo largo de estos días no hemos dejado de sorprendernos de la capacidad de los pequeños para soportar estos días de confinamiento o entender las consecuencias de una pandemia global. En las nuevas fases del Estado de Alarma se han puesto la mascarilla sin quejarse y hasta nos han dicho. “No hace falta que me lo recuerdes, ya sé que no tengo que tocar nada cuando salimos de casa”. 

Cuando toque hacerlo en el contexto de esta nueva normalidad, muchos alumnos volverán a los centros educativos con una mochila cargada de experiencias, emociones y aprendizajes. Y si bien esto ha sido difícil para todos, hay que tener en cuenta que habrá niños y jóvenes que también serán arrastrados por esta corriente de nueva normalidad habiendo afrontado pérdidas muy duras. 

La muerte en tiempos de la COVID-19

Para comprender en toda su magnitud la situación que muchas familias han afrontado durante la pandemia hay que ser consciente de cuáles han sido las circunstancias que han rodeado la muerte en tiempos de la COVID-19. 

Hayan muerto o no a causa del virus, los familiares de nuestros alumnos habrán afrontado, en los casos de hospitalización, un aislamiento todavía más complicado que el que la mayoría hemos llevado a cabo en nuestros hogares. 

Los pacientes con la COVID-19 y otras patologías no han podido contar con la compañía de sus familiares y tampoco, en el caso de aquellos que por desgracia no se han recuperado, han tenido el apoyo y la compañía que todas las personas deben tener en el momento de morir. Así, aunque los sanitarios han hecho todo lo que tenían en sus manos para hacerles sentir que no estaban solos, el apoyo de sus familiares y seres queridos era y es insustituible. 

Además, hay que añadir otra dimensión, que ha sido la del déficit de apoyo social y de los rituales de despedida, a causa de la situación de confinamiento y de emergencia sanitaria. Este sufrimiento, de las familias, sumado a las vivencias de agotamiento e incredulidad, hay que sumar la angustia del confinamiento, que ha afectado directamente a la dimensión social. 

Las familias no se han podido despedir a través de los rituales habituales. Y tampoco han podido recibir el apoyo físico de sus familiares y amigos. No es extraño, pues, así lo explica el Hospital Sant Joan de Déu de Lleida, que ha elaborado un documento para dar apoyo a las familias, a los niños y a todas las personas que, con su diversidad de circunstancias, están viviendo una situación de duelo. 

La vuelta a las aulas y la gestión del duelo 

La vuelta a las aulas será, para muchos alumnos, un momento de respiro. Será necesario, no obstante, acompañarlos en esta vuelta y colaborar, tanto con ellos como con sus familias, en la correcta gestión del duelo. Por todo esto, resumimos a continuación algunas de las recomendaciones que el Instituto IPIR (Duelo y Pérdidas) ha elaborado para orientar a profesionales, familias y personas que estén experimentando un duelo en tiempos de la COVID-19. 

  • Explicar cuál es (y ha sido) la situación. Nuestra tarea como docentes ha sido siempre muy importante y ahora, cuando seamos capaces de volver a las aulas, todavía lo será más. Más allá de las necesidades curriculares, ahora tendremos que hacer un esfuerzo para reconstruir todo lo que hemos perdido y, en el caso de esos alumnos que hayan perdido a un familiar cercano, será necesario acompañarlos con mucho más cuidado. A la hora de explicar lo ocurrido, no debemos maquillar la situación, sino utilizar todas aquellas estrategias que pueden ayudarnos a realizar una explicación objetiva de los hechos, así como conocer las circunstancias familiares de cada uno de los alumnos. Después de la COVID-19, no todos los niños y adolescentes regresarán con la misma mochila. La de muchos pesará todavía un poco más. 
  • Ofrecer espacios para la expresión emocional. Después de una pérdida, y más en tiempo de la COVID-19, es muy posible que los niños tengan la necesidad de expresar emociones como la rabia, la ira, la tristeza o la impotencia. Puede ser muy positivo para todos canalizar este dolor mediante un dibujo, escribiendo una carta, un cuento o simplemente conversando sobre aquello que el niño o la niña deseen. 
  • Acompañar, no incapacitar. Los niños son perfectamente capaces de comprender aquello que sucede a su alrededor. Es muy importante integrarnos en la realidad y para hacerlo tendremos que contar con el apoyo y la complicidad de las familias. Deben ser integrados, autorizados, cuidados y acompañados, para que ahora sean capaces de afrontar lo sucedido, pero para que también tengan las herramientas que necesitan para hacerlo en un futuro. 
  • Dedicar tiempo. Es posible que en muchos casos tengamos la sensación de que hemos perdido mucho tiempo. No pudimos finalizar el segundo trimestre ni iniciar el tercero. No obstante, durante todas estas semanas, los niños han hecho un gran aprendizaje de vida. Así, aunque tengamos prisa para avanzar materia, en esta nueva normalidad habrá niños que necesitarán tiempo. Tiempo para explicar, para expresar y para comprender. El aula puede convertirse en un espacio para recibir un fuerte abrazo, sentirse escuchado, querido y apoyado, a pesar de las adversidades.
  • Garantizar el afecto. La COVID-19 ha sido un golpe doloroso para muchas familias que, en muchos casos, pueden estar atravesando una situación difícil. Durante este periodo, hay que garantizar las atenciones necesarias del niño o adolescente hasta la recuperación de los padres o tutores y, si es necesario, buscar o recomendar la ayuda de un profesional. 
  • Observar. Las maneras de hacer el proceso necesario de duelo no son idénticas. Es posible que algunos niños no hayan reaccionado justo después de la pérdida, pero que, más adelante, manifiesten síntomas o inquietudes diversas. La recuperación de la crisis por la COVID-19 no será fácil para nadie, pero todavía menos para esos niños y jóvenes que hayan sufrido una pérdida. Será necesario, pues, observar y estar alerta durante todo este periodo de reincorporación y adaptación. 

Por todo esto, os recomendamos consultar la Guía para personas que sufren una pérdida en tiempos de coronavirus, con pautas muy útiles y claras, elaboradas por profesionales especialistas en duelo y pérdidas. 


La tecnología ha entrado en nuestras vidas y lo ha hecho prácticamente en todos los ámbitos, también en el nuestro, el de la educación. En la última década, no han sido pocos los proyectos que se han puesto en marcha para integrar la tecnología en las aulas, con el objetivo de ofrecer nuevas e innovadoras herramientas para aprender. 

Nuestros alumnos y alumnas son nativos digitales. Han nacido con una pantalla bajo el brazo y lo cierto es que, en muchos casos, se hace imprescindible combatir algunos de los problemas que da el consumo - indiscriminado y excesivo - de tecnología a todas horas. 

Sin embargo, y más allá de esta circunstancia, que no debe ser tomada bajo ningún concepto a la ligera, está claro que aplicar la tecnología en las aulas puede mejorar considerablemente la capacidad de aprendizaje y la comunicación con los alumnos. 

Pero, veamos algunas de las grandes ventajas de usar la tecnología en el aula. ¿Cuáles son para ti sus poderosos efectos?

El poder de la comunicación

La tecnología nos conecta y nos permite llegar a los demás, aunque estemos lejos. Hemos tenido la ocasión de comprobarlo durante el confinamiento. Las videollamadas y los distintos recursos tecnológicos nos han permitido seguir con ciertos aprendizajes y, aún con las limitaciones de no poder socializar y seguir con las rutinas en el aula, alumnos y docentes han sido capaces de intercambiar contenido, explicaciones y mensajes, que en muchos casos han sido importantísimos para dar ánimo y aliento en los momentos más difíciles.

No estábamos preparados para hacerlo, pero hemos sabido conectar. A partir de ahora, los centros educativos deben plantearse el reto de ponerse las pilas de la educación a distancia, sobre todo mientras la COVID-19 siga formando parte de nuestra realidad, pero también con el objetivo de enriquecer y complementar determinadas rutinas y/o modelos educativos.

Aprendizaje autónomo

Una de las grandes ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías tiene que ver con el aprendizaje autónomo. Y es que a través de las diferentes herramientas que tienen a su alcance, los alumnos pueden desarrollar la capacidad para relacionar conceptos, resolver problemas y reconocer nuevas necesidades y objetivos de aprendizaje.

La redes son una puerta abierta a la exploración, que debe gestionarse correctamente, sí, y en eso los docentes y las familias tenemos un papel determinante. Buscar información, saber seleccionarla y sacar conclusiones, reconocer logros y objetivos son solo algunas de las acciones que forman parte de esta estrategia de aprendizaje autorregulada y preparatoria para presente y futuro.

Capacidad crítica y organizativa

Y si hablamos de acceso a la información y de aprendizaje autónomo tenemos que hablar necesariamente de otra capacidad que las nuevas tecnologías pueden ayudar a desarrollar en los alumnos. La ingente cantidad de contenidos a los que tenemos acceso a través de las nuevas tecnologías exige de todos nosotros capacidad crítica y organizativa.

Y estas son cualidades muy necesarias en todos los ámbitos de la vida, personal y profesional. Conviene que como docentes sepamos conducir y gestionar la manera de usar estos recursos en los alumnos y llevemos a cabo experiencias y ejercicios como entrenamiento. Alertar y concienciar sobre los peligros existentes en este tipo de espacios es fundamental para que niños y jóvenes se conviertan, más adelante, en adultos críticos, conscientes y responsables, capaces de sacar todo el jugo que pueden sacar de este recurso universal que son las redes.  

Colaboración entre compañeros y docentes

El trabajo en grupo ha sido, toda la vida, una realidad un poco incómoda para muchos. Sin embargo, con los años y la experiencia nos hemos esforzado para que el trabajo sea cooperativo y los proyectos terminen saliendo adelante con la ayuda de todos. 

Las nuevas tecnologías son un recurso que fomenta, lejos de aislar, la colaboración entre compañeros alumnos y docentes. Ahora ya es posible trabajar, cada uno desde su mesa de estudio en casa, a través de videollamada o compartiendo y editando directamente los documentos, que luego se convertirán en el resultado final de cada proyecto. 

Mayor implicación con el aprendizaje

No hay que engañarse. Nuestros alumnos son, como decíamos, nativos digitales. Han nacido sabiendo toquetear las pantallas con más agilidad que nosotros. Y aunque conviene regular y racionalizar su uso, está claro que la tecnología les atrae. En nuestras manos está el saber aprovecharlo. 

Los recursos visuales son una herramienta poderosísima, que al igual que recursos como los cómics o los álbumes ilustrados, siempre han estado ahí para hacer más ricas nuestras explicaciones. Ahora ya no hace falta lidiar con una película en VHS: tenemos todos los recursos en línea y debemos ser capaces de sacarle todo el provecho. Nos basta una pantalla y la capacidad de seleccionar los contenidos adecuados, que se convertirán, probablemente, en una puerta abierta a nuevos aprendizajes que recordarán para siempre y en los que querrán profundizar. 

Educación Docente recomienda los siguientes cursos:

Los niños y niñas de hoy ya no nacen con una pan debajo del brazo. Ahora lo hacen con un móvil o bien con una tablet. Pero no todos. Si tenemos en cuenta lo que dicen los expertos, y según las conclusiones publicadas en The Lancet Child & Adolescent Health, los niños y niñas tienen que dormir entre 9 y 11 horas, hacer al menos una hora diaria de ejercicio y pasar menos de dos horas de ocio con pantallas.

Partiendo de esta recomendación, hoy hemos querido observar todas las ventajas que nos ofrece el lenguaje digital en el campo de la educación. Los lenguajes que forman parte del digital son muchos: el lenguaje interactivo, el audiovisual, el sonoro, el social e incluso de la programación. Y todos, en su justa medida y en el contexto adecuado, como el aula, pueden resultar muy provechosos.

Estos son los beneficios del lenguaje digital en educación:

1. Se adapta a las diferentes necesidades de los alumnos/as. No todos aprendemos al mismo ritmo, ni tenemos una misma predisposición para el aprendizaje. El lenguaje digital facilita el acceso a imágenes (visual), vídeos (visual y auditivo), canciones (auditivo), mapas conceptuales, contenidos interactivos (lector/escritor), proyectos, experimentos (cinestésico).

2. Motiva, anima y atrae. Esto no es nuevo, pero ahora disponemos de muchos más soportes y formatos para despertar la curiosidad de los alumnos. Películas, cortometrajes, animaciones, canciones o juegos nos pueden resultar muy atractivos.

3. Facilita la tarea docente. Esta diversidad de materiales hace que los docentes lo tengan más fácil al explicar conceptos, sean sencillos o complicados. Estos nos aportan un valor añadido que difícilmente conseguiremos sin el lenguaje digital.

4. Conduce a la búsqueda. Una cosa nos lleva a la otra. El lenguaje hipertextual nos permite acceder a muchísimas fuentes y medios. Este proceso de consulta nos ayuda a descubrir automáticamente cosas nuevas, contenidos interesantes y herramientas muy útiles.

5. Promueve las competencias digitales. Y lo hace de una manera natural. Además, la experiencia sirve para entrenar a los alumnos para que sepa seleccionar y discriminar información.

6. Facilita el trabajo autónomo. La información siempre está a tu alcance y esto quiere decir que la pueden consultar siempre y en cualquier momento. Es una buena manera de conseguir autonomía para volver a las fuentes siempre que lo consideremos necesario, aún más si es fruto de interés personal.

7. Desarrolla el pensamiento lógico y matemático. El lenguaje de programación también forma parte del lenguaje digital, una serie de códigos indispensables hoy. Aprender los fundamentos básicos de la programación puede ser muy interesante para trabajar diferentes conceptos matemáticos, así como para resolver problemas utilizando la lógica.

Pintura, papel, lápiz, cola, tijeras… Son solo algunas de la gran cantidad de herramientas y materiales que habitualmente tenemos en el aula de Educación Visual y Plástica. No obstante, la expansión de las nuevas tecnologías nos ha llevado a ampliar estas herramientas y a incorporar el ordenador, el ratón y las pantallas.

Fruto de esta evolución, alumnos y docentes pueden beneficiarse de nuevas oportunidades, ampliar la cantidad de recursos y explorar nuevas técnicas. Hoy te ofrecemos algunas herramientas innovadoras para las aulas de Educación Visual y Plástica. Ideas, enlaces y recursos interesantes para nuestros alumnos. ¿Te animas a descubrirlas? A continuación, una pequeña aproximación. 

La visualización de la producción artística 

Cualquier soporte tecnológico puede ser válido para la visualización de producciones artísticas. Estos recursos ya estaban disponibles antes, pero en tiempos de confinamiento, nos hemos encontrado con un montón de propuestas culturales en línea. Porque sí, las pantallas son un recurso fantástico para descubrir, investigar y contemplar numerosas obras de arte. 

Muchos museos ofrecen a sus visitantes la posibilidad de ver todo tipo de producciones artísticas a distancia y de hacerlo  través de imágenes de altísima calidad. Así, tenemos a nuestro alcance pintura, escultura, fotografía y cine, artes en las que no podríamos profundizar ni estando frente a las obras, físicamente en el museo. En nuestro país podemos visitar el Museo el Museo del Prado, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Museo Guggenheim Bilbao, etcétera.

En el ámbito internacional, también podemos hacer viajes a París, Amsterdam, Londres o Nueva York para contemplar, desde el aula, las más grandes obras de arte que ha dado la humanidad. Otra herramienta interesante es Google Arts & Culture, un espacio maravilloso en digital que recorre el arte y la cultura de todos los países del mundo y que nos ofrece un montón de actividades para crear, experimentar y descubrir infinidad de obras. Existe, además, la posibilidad de descargar obras cedidas por diferentes museos del mundo en una calidad altísima y propuestas para hacer en el aula o en casa. 

Nuevas herramientas, nuevas capacidades

La tecnología pone a nuestra disposición un montón de herramientas para completar las tradicionales en el proceso de creación artística. No hace falta decir que programas como Photoshop, Kira o Corel son de gran ayuda y apoyo para los procesos creativos en formato digital. Incluso para hacer animación. También lo son, evidentemente, todos los periféricos como tabletas o lápices, que pueden resultar imprescindibles para los profesionales. No en vano, son útiles para ganar rapidez, agilidad y calidad en sus creaciones. 

Contar con algunos de estos recursos en el aula puede contribuir a la adquisición de nuevas competencias por parte de los alumnos, que después pueden aprovechar en otras áreas. 

Recursos disponibles online 

La confluencia entre la Educación Visual y Plástica y las nuevas tecnologías es una realidad de la que docentes y alumnos son lo suficientemente conscientes. Tanto es así, que en las redes podemos encontrar un buen número de recursos para aprovechar. Aquí tenéis unos cuantos: 

Educacionplastica.net. Un espacio donde alumnos y docentes pueden compartir experiencia y conocimientos en el área de Educación Visual y Plástica. 

Plas-TIC. Un proyecto del Instituto de Tecnologías Educativas del Ministerio de Educación para la estimulación de la expresión plástica. Para alumnos de Secundaria y Bachillerato. 

Espiral Cromàtica. Es una de las herramientas más interesantes que hemos encontrado: una biblioteca desde donde explorar contenidos relacionados con la Educación Visual y Plástica. Así, encontramos propuestas que van desde la Animación, el Cine y la TV, el Color y la Observación hasta la Fotografía, el Dibujo Técnico, el Dibujo Artístico, la Pintura o los Museos. También incluye recursos vinculados a las técnicas artísticas, portales educativos, conservación y restauración, entre muchos otros. 

Proyecto Primartis. Otro proyecto educativo que nos ha gustado mucho es este, dirigido a alumnos, docentes y familias en general. Está organizado a través de unidades didácticas, según el nivel educativo. 

Tiempo para crear, imaginar y reflexionar 

Como habéis visto, la cantidad de recursos que tenemos a nuestro alcance es inmensa. No obstante, conviene poner de nuestra parte para que esta cantidad de información sea gestionada de una manera tranquila y razonada por parte de alumnos y docentes.

Tenemos en nuestras manos el encontrar herramientas, ponerlas a disposición de nuestros alumnos para que, además de consumir información, aprendan a reflexionar, imaginar y dar luz a los procesos creativos. Aprovechemos estas herramientas innovadoras para nutrirnos, trabajar la capacidad crítica y estética de los niños y continuar fomentando su curiosidad, motor de todos los procesos creativos.