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Artículo de Raquel Ripoll.

Antes de hablar sobre cómo acompañar las “rabietas” de nuestros alumnos y alumnas, es importante tener claro que esas “rabietas” no son más que una explosión emocional que surge porque el niño o la niña aún no ha desarrollado las capacidades o habilidades necesarias para expresar sus emociones de una forma adecuada, por lo que se trata de una forma de canalizar su frustración.

En realidad, lo que llamamos “rabieta”, se trata de un “secuestro amigdalar”, es decir, en un momento en que hay una gran activación emocional y nos sentimos desbordados, la amígdala, que es el centro cerebral de nuestras emociones, toma el mando de nuestro cerebro y se encarga de su funcionamiento.

Son situaciones que ponen al niño o la niña en contacto con emociones desagradables y de una forma muy intensa que, además, debido a la inmadurez de su cerebro, aún no sabe regular, por lo que un buen acompañamiento emocional será imprescindible.

De hecho, si nos detenemos a observar a los niños y las niñas, veremos que esa “rabieta”, esa “mala conducta” no es otra cosa que falta de conocimiento, falta de habilidades efectivas, falta de desarrollo de una conducta adecuada, falta de motivación… A menudo, los adultos también carecemos de conocimiento, conciencia o habilidades y regresamos a nuestro cerebro primitivo y tenemos nuestras propias “rabietas”.

¿Verías de otra forma una mala conducta si fuera “por falta de conocimiento”, “por falta de habilidades”, “por falta de motivación”, “conducta de cerebro reptil” o simplemente una conducta adecuada a su edad?

La mayoría del tiempo los niños y las niñas actúan de acuerdo a su edad, no portándose mal, y es muy triste pensar que muchos niños son castigados por conductas cronológicamente normales para su edad. 

Una vez que tenemos claro que esa “rabieta” se da por una falta de habilidades efectivas, vemos que lo primero que necesitamos hacer es VALIDAR SUS SENTIMIENTOS. 

Tenemos muy instaurado el negar los sentimientos y emociones que, a priori, son desagradables, y con ello solo conseguimos empeorar la situación, haciendo que el niño se sienta incomprendido y no aceptado, por lo que su frustración aumenta y llega la “rabieta”. Además, también le alejamos de nosotros y dañamos el vínculo que tenemos con él.

Así, a la hora de acompañar una “rabieta” es importante dar espacio a las emociones y sentimientos, ponerles nombre, hablar sobre ellos y darnos cuenta de que todos sentimos cosas parecidas. Esto ayuda a que nuestros alumnos no se sientan bichos raros al tiempo que vamos fomentando una buena inteligencia emocional.

Otra cosa que nos ayudará en estos momentos es COMPRENDER QUÉ SE ESCONDE DETRÁS DE ESE COMPORTAMIENTO. Ver si hay una necesidad no satisfecha y entender las emociones que puede estar sintiendo nuestro alumno. Sólo a partir de ahí podremos acompañar ese “secuestro amigdalar” de una forma consciente y respetuosa.

Para ello necesitamos tener muy presente que el objetivo prioritario del ser humano es el sentimiento de pertenencia y contribución. Esto quiere decir que prácticamente todos los comportamientos que tenemos buscan lograr esa pertenencia y contribución al grupo y, si no lo logramos, es cuando llega la frustración, el enfado, la impotencia y todas esas emociones y sentimientos que acaban desembocando en “rabietas”. Por lo tanto, una de nuestras mejores formas de prevenir cualquier “rabieta” en el aula es la IMPLICACIÓN. Implicar a nuestros alumnos en todo lo que sea posible para que se sientan importantes para el grupo y así no vean peligrar su pertenencia.

También es importante CUIDAR NUESTRO LENGUAJE. Es decir, ser conscientes de todas las veces que les decimos que NO a lo largo de la jornada. Si cada vez que quieres hacer algo te dicen que no puedes hacerlo te genera muchísima frustración, ¿verdad? Pues a nuestros alumnos también, por lo que, si no prestamos atención a esto, acabará en “rabieta”. 

Si necesitamos poner un límite, que sea de forma positiva. Por ejemplo: En vez de decirle “No grites”, le podemos decir, “háblame bajito o si me hablas tan alto no te entiendo, baja el volumen por favor”. Se trata de cambiar el NO por el SÍ, de decirle lo que SÍ puede hacer en lugar de lo que NO.

Por otro lado, decir que otro recurso que puede ayudarnos mucho son las RUTINAS. Decía Rudolf Dreikus que “las rutinas diarias son para los niños y las niñas lo que las paredes son para una casa, le da fronteras y dimensión a la vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar”.

La incertidumbre, el no saber qué viene después, genera angustia y frustración, lo que puede acabar en “rabieta”. Trabajar con nuestros alumnos en el establecimiento de un horario, explicarles qué haremos en cada momento, implicarles en las decisiones que sean posibles, y que tengan apoyos visuales para que puedan consultarlo siempre que quieran, nos ayuda a mitigar esa angustia y frustración dándoles seguridad, confianza y tranquilidad.

Para finalizar, recordar que, por una parte, fomentar su autonomía y, por otra, evitar juicios, comparaciones y etiquetas son dos puntos clave para que nuestros alumnos se sientan aceptados y respetados como lo que son, seres únicos e irrepetibles, por lo que también nos ayudará a prevenir y acompañar las “rabietas” que puedan surgir en el aula.

RECURSOS RECOMENDADOS:

Si te interesa saber más sobre cómo funciona el cerebro del niño:

Para trabajar las emociones:

  • El Emocionario de Cristina Núñez y las diferentes actividades gratuitas relacionadas con el libro que se encuentran en la web www.palabrasaladas.com 
  • Las tarjetas de sentimientos ¿Cómo me siento hoy? en www.raquelripoll.com